Manteniendo la fe

Respondiendo a solicitudes de editores de una muestra regular de comentarios de actualidad de entre la prensa católica, he aquí un editorial no firmado titulado “Manteniendo la fe” que apareció en la edición de del 4 de noviembre de Our Sunday Visitor, semanario católico nacional con sede en Huntington, Indiana.

Con el debut de la película “Spotlight”, que se enfoca en la investigación del Boston Globe que en el 2002 sacó a la luz el escándalo del abuso sexual por clérigos, se levanta la cortina una vez más en una trágica pieza de la historia de la iglesia en Estados Unidos.

La crisis del abuso y su estela han sido tiempos oscuros y tumultuosos para los católicos. Con cada nueva revelación de fechorías pasadas, sea en este país o en otros, no hemos encontrado preguntándonos cuándo las revelaciones se detendrán, aunque sabemos que, para el bien de las víctimas y de nosotros mismos, los escándalos nunca deben olvidarse.

Después de más de una década desde que la crisis surgió la iglesia se encuentra pasando por aun otra temporada difícil.

Durante semanas recientes el Vaticano ha sido plagado por la intriga, el chisme y la batalla jerárquica interna durante todo el segundo Sínodo de los Obispos sobre la familia. Después del sínodo, a fines de octubre hubo alegatos de corrupción y el arresto de dos miembros de un comité vaticano, una laica y un clérigo vaticano, por filtrarle a periodistas italianos información financiera confidencial. Luego, a principios de noviembre, vino la publicación de dos libros que contienen suficiente información dañina para apodarlo “Hijo de Vatileaks”, título que evoca imágenes de una “secuela” al escándalo del 2012 en que el mayordomo personal del papa Benedicto XVI fue declarado culpable de filtrarle a la prensa documentos privados.

Cual sea la resolución de esta más reciente ola de crisis, está claro que la iglesia tiene que necesariamente comprometerse a mayor transparencia y mayor rendición de cuentas.

Pero, para nosotros los fieles, este podría ser un buen momento para obtener algo de perspectiva histórica y espiritual.

Durante más de dos milenios, comenzando con los primeros apóstoles, la iglesia ha pasado tormenta tras tormenta, incluyendo la traición, le herejía, la corrupción y sí, también el cisma. No obstante, la iglesia todavía está de pie. Tenemos la propia promesa de Cristo, según contada en el Evangelio de Mateo, de que esta continuará estándolo: “Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella”.

Durante tales tiempos en la historia de la iglesia, y ha habido muchos, la pregunta para los católicos fieles siempre es la misma: ¿Cómo ponemos a un lado las intrigas y los escándalos en nuestra hermosa y desordenada iglesia y encontramos una manera, a pesar de todo, para mantener la fe? Es durante tiempos como estos cuando nos conviene regresar a las bases: esforzarnos por ser, como nos lo pidió Jesús en el Sermón de la Montaña, pobres de espíritu, mansos, misericordiosos, limpios de corazón, pacifistas y perseguidos por nuestro credo. Atender, como lo manda Cristo, al hambriento, al sediento, al pobre, al forastero, al preso, al menor entre nosotros. Y, como le recordó el papa Francisco al Congreso en septiembre, tratar a los demás como queremos ser tratados.

Aun más, tales tiempos de prueba les ofrecen a los fieles la oportunidad de recordar que, por la gracia de Dios, nuestra fe no encuentra su agarre en un empleado eclesiástico, en un sacerdote, en un obispo, ni siquiera en un papa. En vez, nuestra fe está en Jesucristo, salvador y rey. Los individuos que componen nuestra iglesia, bien sean laicos o clérigos, son solo eso, individuos. Son seres humanos que yerran, que luchan, que pecan. Nuestra tarea es mantenernos enfocados en lo que cuenta: solamente Cristo.

Y según entramos en la temporada penitencial y misericordiosa del Adviento, oremos por todos aquellos que tienen puestos de confianza y responsabilidad en nuestra iglesia.

Las opiniones o posturas presentadas en este o cualquier editorial invitado son de la publicación individual y no necesariamente representan las opiniones de Catholic News Service ni las de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos.