Carta de Despedida y Bendición del Obispo Zubik
(in English)
A mis hermanas y hermanos de la Iglesia de Green Bay,
Hace cuatro años y una semana del próximo domingo, yo supe por primera vez acerca de ustedes. Ese día, el 30 de septiembre del 2003, recibí la noticia del Papa Juan Pablo II quien me había escogido para ser su obispo, el undécimo desde el nacimiento de la diócesis de Green Bay el 3 de marzo de 1868. ¡Dije sí! ¡Estaba asustado! ¡Esta emocionado! ¡Estaba inseguro! ¡Estaba Confiando!
¡Estaba asustado! ¡Me fue confiada a una gran responsabilidad! ¿La podría yo cumplir?
¡Estaba emocionado! Estaba impaciente para crecer como un líder. ¿Pero sabría yo?
¡Estaba inseguro! Estaría moviéndome a una parte del país donde yo nunca había estado. ¿Llegaría a ser mi hogar y sería yo aceptado?
¡Estaba Confiando! A fin de cuentas, Dios había preguntado por innumerables generaciones a personas para compartir Su trabajo de salvación y él no les fallo. ¡Pero yo podría fallarle!
Cuatro años más tarde, yo tengo una vez más esos mismos sentimientos - asustado e inseguro por una parte y entusiasmado y confiando por el otro. Me encuentro aturdido una vez más por el poder sorpresivo de Dios. Creí claramente que estaría con ustedes hasta haber alcanzado la edad de mi jubilación a los 75 años. Estoy sorprendido de regresar a mi primer "hogar" en Pittsburgh a ser su Pastor.
Hay muchas historias en la Biblia que Dios comparte con nosotros - con ustedes y conmigo - la cual habla de Su confianza en nuestro continuar de Su trabajo: Las historias acerca de Abraham y Sara; historias acerca de David; Ester; Ezequiel, Ruth y especialmente Jose y María. El confió en ellos para ser líderes y ellos celebraron su fe con, para y entre las personas de su época.
¡Cuando miro hacia atrás sobre mis cuatro años con ustedes, no simplemente conozco algo de ustedes; he podido conocer a la mayoría de ustedes y especialmente amarlos! Espero que mis palabras y hechos hayan reflejado el panorama de mi corazón - para ustedes pero especialmente para Jesús y Su Iglesia.
Hay tanto por lo que estoy agradecido a Dios acerca de ustedes.
Desde mi nombramiento como Obispo de Pittsburgh hace algunas semanas yo he dicho a otros, públicamente y privadamente, mientras Pittsburgh siempre será mi primer hogar, Green Bay será siempre mi segundo.
La Iglesia de Green Bay fue la forma de que Dios me enseñara a ser Pastor. Ustedes me ha desafiado a ser valiente para hablar francamente y con la verdad del Evangelio, ya sea apreciado extensamente o denunciado categóricamente.
La Iglesia de Green Bay fue la forma de que Dios me enseñara cómo escuchar con atención - no simplemente las palabras de labios sin sentimientos de las páginas en mensajes impresos de un correo electrónico, pero de su amor particular a la Iglesia. Ustedes me han desafiado a escuchar especialmente cuando lo que ustedes tuvieron que decir no parecía ser verdad de mis propios pensamientos, opiniones o experiencias.
La Iglesia de Green Bay fue la forma con la que Dios me trajo de rodillas más a menudo, mostrándome cuánto más necesito orar para seguir la dirección de Dios; por su paciencia conmigo; por su comprensión para conmigo; por sus necesidades; para sus plegarias; por sus intenciones y muy especialmente que ustedes y yo abrasemos la voluntad de Dios. Ustedes me han retado a ser un hombre de Palabra de Dios y un hombre de mi palabra.
Como ya los dejo, gracias por calmar mis temores al llamado de Dios; por alentar mi entusiasmo acerca del ministerio; por aliviar mis incertidumbres con mis habilidades y por afirmar y confirmar la confianza de Dios en mí.
Como ya los dejo, por favor oren por mí como yo lo hago por ustedes para que juntos nunca demos por terminado el amor incondicional de Dios, ni nuestra necesidad de ser leal a la Iglesia, ni en cualquier otra oportunidad de crecer en la gracia ni del hambre de Dios quienes somos testigos de Su amor por el servicio a imagen de Cristo uno al otro, especialmente los mas olvidados e ignorados entre nosotros.
Y mas cariñosamente, como ya los dejo ustedes al igual que al hijo pródigo la carta del amor de Dios para nosotros, Por favor perdónenme por: alguna forma en la que les haya hecho algún daño; alguna manera en que los haya desilusionado; alguna manera en que les haya fallado; alguna manera que los haya olvidado; alguna manera que no les haya servido como Dios quiso y como ustedes necesitaban.
Finalmente, como ya los dejo, que Dios los bendiga, los proteja, los guarde, los alienta, se entusiasmen a ser más de lo que Dios quiere de ustedes y de mí ser.
Agradecido por nuestra creencia de que "nada es Imposible con Dios," Yo soy
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