El papa llega a Cuba y pide más libertad y respeto de los derechos humanos

By Catholic News Service | March 27, 2012

La multitud empezó a llegar a lo largo de la ruta que seguiría la caravana de vehículos del papa hacia las 10 a.m. Hacia las 11.30 a.m., muchas de las calles de Santiago de Cuba ya se habían convertido en auténticos ríos humanos.

En la ceremonia de bienvenida, el papa dijo ante la multitud, “vengo a Cuba como peregrino de la caridad, para confirmar a mis hermanos en la fe y alentarles en la esperanza, que nace de la presencia del amor de Dios en nuestras vidas”.

También señaló que la visita que el beato Juan Pablo II hizo en 1998 dejó “una huella imborrable en el alma de los cubanos” y fue “como una suave brisa de aire fresco que dio nuevo vigor a la Iglesia en Cuba”.

Después de esa visita, 14 años atrás, el Gobierno empezó a conceder permisos para la realización de procesiones públicas, dio a la Iglesia cierto acceso a los medios de comunicación, facilitó el proceso de visas para el personal eclesiástico extranjero y ayudó a restaurar algunos de los edificios eclesiales más antiguos.

El papa Benedicto le dijo a Castro que la visita del beato Juan Pablo II inauguró “una nueva etapa en las relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano, con un espíritu de mayor colaboración y confianza”, aunque también dijo que “todavía quedan muchos aspectos en los que se puede y debe avanzar, especialmente por cuanto se refiere a la aportación imprescindible que la religión está llamada a desempeñar en el ámbito público de la sociedad”.

El Vaticano lleva tiempo pidiendo al Gobierno cubano libertad para gestionar escuelas, construir iglesias nuevas, dar asistencia espiritual a los prisioneros y que las instituciones de la Iglesia, especialmente las caritativas, sean plenamente reconocidas desde el punto de vista legal.

Hablando de las esperanzas y aspiraciones de los habitantes de la isla, el papa se dirigió en dos ocasiones “a todos los cubanos, allá donde se encuentren”, una referencia que también incluía a los exiliados y a los emigrantes.

Dijo que llevaba en su corazón “sus sufrimientos y alegrías, sus preocupaciones y anhelos más nobles, y de modo especial los de los jóvenes y los ancianos, los adolescentes y los niños, los enfermos y los trabajadores, los presos y sus familiares, así como los pobres y necesitados”.

El papa Benedicto reconoció las dificultades económicas que experimenta la gran mayoría de cubanos y el hecho de que la situación haya empeorado a causa de la crisis financiera global, que ha tenido un impacto negativo en el turismo, que es una de las principales fuentes de ingresos y empleo de la isla.

El viceministro de turismo de Cuba, Alexis Trujillo, dijo el 26 de Marzo en el centro de prensa habilitado para la visita papal en La Habana que esta no ha aumentado significativamente el número de visitantes extranjeros en la isla. En este momento, dijo, la cifra de turistas es solo “un poquito mayor” que la habitual.

En alusión a los desafíos económicos a los que se enfrenta Cuba, el papa Benedicto no mencionó el embargo económico impuesto por Estados Unidos, que dura desde 1962 y que el Vaticano ha criticado en repetidas ocasiones por ser una medida que perjudica a la población cubana.

El papa sí habló, en cambio, de los errores morales y éticos que causaron la crisis global.

Ésta forma parte de una “profunda crisis de tipo espiritual y moral, que ha dejado al hombre vacío de valores y desprotegido frente a la ambición y el egoísmo de ciertos poderes que no tienen en cuenta el bien auténtico de las personas y las familias”, dijo.

La respuesta, dijo el papa, debe ser “una ética que coloque en el centro a la persona humana y tenga en cuenta sus exigencias más auténticas, de modo especial su dimensión espiritual y religiosa”.

“La regeneración de las sociedades y del mundo requiere hombres rectos, de firmes convicciones morales y altos valores de fondo que no sean manipulables por estrechos intereses, y que respondan a la naturaleza inmutable y trascendente del ser humano”, detalló el papa.

Benedicto XVI dijo al presidente comunista de Cuba y a sus habitantes que recuperar sus valores históricos religiosos y culturales era la clave para construir un futuro marcado por la libertad y la prosperidad.

El papa dijo que se arrodillaría en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad de El Cobre, patrona de Cuba, para agradecerle a María “sus desvelos por todos sus hijos cubanos y pedirle su intercesión para que guíe los destinos de esta amada Nación por los caminos de la justicia, la paz, la libertad y la reconciliación.

En su discurso de bienvenida, Castro arremetió contra Estados Unidos y le dijo al papa que su Gobierno comparte muchas ideas con la Iglesia Católica, especialmente por lo que respecta a la paz y a la necesidad de un sistema económico regido por la solidaridad.

También dijo que la Constitución cubana “consagra y garantiza la plena libertad religiosa de todos los ciudadanos y, sobre esa base, el gobierno guarda buenas relaciones con todas las religiones e instituciones religiosas en nuestro país”.

Respecto a la economía global, Castro dijo que “en vez de la solidaridad, se generaliza una crisis sistémica, provocada por el consumo irracional en las sociedades opulentas”, en las que unos pocos se quedan con toda la riqueza, privando a “los pobres, los hambrientos, los enfermos sin atención y los desamparados” de aquello que necesitan.

El materialismo, el egoísmo, “la corrupción de la política y la falta de verdadera democracia son males de nuestro tiempo”, le dijo al papa. “En estos y otros temas apreciamos coincidencia con sus ideas”.

Castro dijo que todos los cubanos, creyentes o no, están celebrando el cuarto centenario de Nuestra Señora de la Caridad y que las celebraciones eran una fuente de unidad para el país.

Después de encontrar a Castro, el papa se desplazó en papamóvil desde el aeropuerto hasta la residencia del arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García Ibáñez.

Una multitud, en su mayoría niños y adolescentes, llenaba las seis millas de ruta saludando, aplaudiendo y portando banderas del Vaticano y de Cuba.

El padre Vladimir Navarro de la parroquia de Santa Cruz del Sur en Camagüey lideró el peregrinaje juvenil de su diócesis.

“Esto es un sueño que teníamos desde Diciembre, hemos estado recaudando dinero para poder estar aquí”, dijo el padre Navarro. “Es Pedro quien viene a Cuba y nos llena de esperanza y nos confirma en la fe”.

Algunos cubanos se quejaron por haber tenido que esperar durante tres horas bajo el calor del sol, las temperaturas rondaban los 30 grados centígrados. Una mujer se desmayó en la esquina de una calle, pero en la ruta del papamóvil no había ningún servicio de primeros auxilios.

Una mujer que se identificó a sí misma sólo como Natalia, dijo, “Una espera de tres horas para verle unos 15 segundos… pero valió la pena”.

Algunas personas dijeron que se les había asignado un lugar a lo largo de la ruta; se había corrido la voz en los puestos de trabajo, en las escuelas, etc. Muchos no quisieron dar su identidad a los periodistas.

Manuel Correa, ingeniero de proyectos, reconoció: “Yo soy ateo desde hace mucho tiempo. Sin embargo, respeto las creencias de todas las personas. Estoy aquí porque esto es historia; no pasa cada día que un papa viene a nuestro país. Hago fotos para mis nietos, para que puedan ver que estuve allí cuando vino el papa”.

Francis X. Rocca y Wallice de la Vega en Santiago de Cuba y Cindy Wooden en La Habana contribuyeron a este artículo.

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