La juventud latinoamericana se dirige a llevar la iglesia a las calles, después de los eventos de las Jornadas Mundiales de la Juventud

By Lise Alves | Catholic News Service | August 22, 2013

SAO PAULO – Los peregrinos que alcanzaron cerca de 3 millones y que llenaron las playas de Copacabana durante las celebraciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que duraron seis días, ya han regresado a su respectivo hogar, a principios de agosto con “instrucciones claras” que les fueron dadas por el papa Francisco.

“Marchen contra corriente”, le dijo el papa Francisco a la muchedumbre, en varias ocasiones, durante los seis días de celebraciones. “Les pido que sean revolucionarios. … Vayan más allá de los muros de la iglesia. … Vayan a las calles, vayan a las comunidades de los pobres. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a todos los rincones de la vida, hasta los confines de la sociedad, incluso los que parecen estar más apartados”.

Barbara Maciel Ferreira da Silva, chica de 16 años, perteneciente a la diócesis de Jundiai en Sao Paulo, comprendió el mensaje.

“No podemos continuar olvidándonos del mundo externo. Tenemos que llevar a Cristo a cualquier parte que vayamos”, dijo Silva, una joven del grupo de siete que habían sido escogidos para recibir un regalo del papa Francisco en la celebración de la Misa de clausura, el 28 de julio.

Ni siquiera la llovizna que cayó en Río de Janeiro los primeros tres días de las Jornadas Mundiales de la Juventud fue suficiente para desanimar a los millones de jóvenes que habían acudido para escuchar al papa Francisco en su primer viaje oficial a ultramar.

El papa Francisco les dirigió la palabra cerca de 20 veces a los peregrinos, autoridades y religiosos durante su viaje por medio de discursos, homilías y actos litúrgicos. Y cada vez, atrajo más admiradores.

“No se puede negar que el papa Francisco tiene una enorme natural simpatía”, dijo Brenda Carranza, perteneciente a la Facultad de la Pontificia Universidad Católica de Campinas. “El papa utilizó un lenguaje de palabras sencillas, y tiene un discurso persuasivo, más social que moral, que atrajo a los jóvenes”.

Para el obispo Pedro Luiz Stringhini, de la diócesis de Mogi das Cruzes en Sao Paulo, la celebración demostró que los jóvenes buscan un ideal a seguir o una causa que abrazar. “Los jóvenes están menos politizados de lo que nosotros estábamos en la década del 1970, pero aún así necesitan sentir que son agentes de cambio, aunque sea de algo, en el mundo de hoy”, dijo.

Y si los peregrinos de las Jornadas Mundiales de la Juventud necesitaban una causa que abrazar, la palabra del papa Francisco en verdad los inspiró.

“Quiero que la iglesia salga fuera a las calles”, dijo el papa en un encuentro con jóvenes argentinos. “Quiero que resistamos todo lo que sea mundano, todo lo que esté estático, todo lo que sea confortable, todo lo que tenga que ver con el clericalismo, todo lo que nos haga encerrarnos en nosotros mismos. Las parroquias, las escuelas, las instituciones están hechas para ir afuera. … Y si no lo hacen, simplemente se convierten en una buena empresa descentralizada, que no pertenece al gobierno y la iglesia no puede ser eso”.

Carranza percibió que las acciones del papa Francisco eran tan pronunciados como sus palabras; por ejemplo, él mismo quiso cargar con su maleta cuando se dirigía al avión, dando rosarios y pidiéndoles a los peregrinos que rezaran por él y con él, agradeciéndoles a los habitantes de una favela o villa miseria, por la bienvenida a sus casas y por invitarlo a entrar.

“Observamos un cambio, una ruptura simbólica, de palabras a acciones que son muy poderosas”, añadió Carranza, explicando que la humildad demostrada por el papa fue un factor clave que atrajo la atención de los peregrinos. “Todo mundo interpretó sus acciones de humildad como su distintivo personal. Los peregrinos se identificaron con el Pontífice como si fuera uno de ellos”.

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