Trabajar con los pobres ayuda fe de jóvenes chilenos

COLINA, Chile — Durante el invierno las calles polvosas del barrio pobre conocido como Rivera Sur están llenas de lodo y charcos.

“Se congela en el invierno con tanta lluvia y lodo”, dijo Teresa Aranda, una residente local. “A veces no dejo que mi hija vaya a la escuela porque no quiero que resbale en el lodo de las calles”.

Pero los jóvenes chilenos voluntarios de una organización caritativa jesuita han ayudado a Aranda y a más de otras 400 familias que viven en el barrio a 25 millas al norte de Santiago.

Aranda dijo que agradece a TECHO-Chile, también conocido como Un Techo para Chile.

“TECHO me ha ayudado a insular mi casa para que sea menos fría”, Aranda dijo a Catholic News Service.

Miles de jóvenes voluntarios han estado en las calles con cajas color azul y blanco pidiendo donaciones para ayudar a construir casas para los más pobres de Chile. Para la mayoría de ellos, ser voluntario es una expresión de su fe.

“Fui a una escuela católica, así que desde temprana edad nos enseñaron a ayudar a otras personas”, dijo Clara Irarrázaval, voluntaria que ha trabajado en Rivera Sur durante el pasado año ayudando a chilenos y a familias de otros países, como Haití, Colombia, Bolivia, Perú y la República Dominicana.

Irarrázaval y Felipe Jara, otro compañero voluntario, explicaron cómo siguen la visión del fundador de la organización caritativa, el padre jesuita Felipe Berríos, trabajando con la comunidad.

“Lo primero que hacemos cuando llegamos es sentarnos a hablar con los miembros de la comunidad y preguntarles qué quieren”, dijo Jara. Cuando los residentes dijeron que necesitaban más espacios comunales, los voluntarios reunieron los materiales y, con la ayuda de dos personas del barrio, construyeron un salón de reuniones.

El salón sirve como un lugar donde la gente puede discutir asuntos importantes, pero es también un club después horas escolares para los niños de la zona. Los voluntarios ayudan a los niños con sus estudios y obtienen alimento y otras necesidades para la gente que vive en el barrio.

Irarrázaval está convencida de que esta es la mejor manera de demostrar su fe. Ella está contenta que el papa Francisco, cuya visión de la iglesia es ir a los márgenes de la sociedad, esté visitando Chile en enero.

“Creo que la iglesia está en algún tipo de crisis, especialmente con los jóvenes; debemos estar más preocupados por la gente que nos rodea”, dijo Irarrázaval. “En estos tiempos vivimos en un mundo que es tan individualista y aquí venimos a trabajar mano a mano con la gente de la comunidad y somos todos iguales. La gente debe regresar a la comunidad; este tipo de experiencia pueden traer a Dios al corazón de uno. Para mí la fe no se trata necesariamente de ir a Misa todos los domingos; se trata más de ayudar a los demás. Veo a Jesús en el vínculo especial que hago con la gente de aquí”.

Aranda y su hija han vivido en Rivera Sur durante los pasados ocho años. Ella dijo que se mudó allí porque era difícil cubrir sus gastos con un casero que continuamente le aumentaba el alquiler y le decía que no usara agua ni electricidad.

Aranda dijo que es católica y, como los voluntarios, su fe se trata también de ayudar a los demás. “Si alguien viene y me pide un favor, siempre trato de ayudarle. La gente de TECHO es así también. No se trata solamente de construir casas, ellos también ayudan a la comunidad”.

La organización internacional tiene más de 2,000 voluntarios trabajando en distintos barrios pobres en todo Chile. La mayoría de ellos son estudiantes universitarios y para muchos de ellos su motivación es la misma que era para los jóvenes católicos que ayudaban hace 20 años, cuando TECHO comenzó.

Padre Berríos se reunió con un grupo de estudiantes universitarios para ayudar a construir una casa básica de madera que pudiera usarse como capilla en un barrio en las afueras de Curanilahue. La misión era simple: edificar un tipo distinto de relación con la gente que ayudaban.

La caridad del grupo ha llegado muy lejos en los pasados 20 años, expandiéndose a 19 países en América Latina y el Caribe. En muchos casos los voluntarios de TECHO son los primeros en ayudar después de desastres naturales, como el terremoto en Perú en el 2007 y en Haití y Chile en el 2010.

Pero, durante las celebraciones de su vigésimo aniversario, Gonzalo Rodríguez, director social de TECHO–CHILE, dijo que queda mucho por hacer. Cada año miles de inmigrantes están escogiendo Chile como su hogar y esto está aumentando problemas de vivienda. El costo de vida está aumentando y los salarios mínimos se mantienen igual. Él dijo que 30,000 familias carecen de servicios básicos como agua potable, electricidad y alcantarillado.