Obispos apoyan a migrantes, expresan preocupaciones por ‘retórica venenosa’

BALTIMORE — La discusión más larga y más apasionada durante el primer día de la asamblea de otoño de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), el 13 de noviembre, se enfocó en los migrantes, en cómo ayudarles pero también cómo hacerles saber que ellos también son hermanos y hermanas y personas que no deben ser demonizadas.

Durante un periodo de discusión después de una presentación sobre asuntos de inmigración, el cardenal Sean P. O’Malley de Boston le habló a los obispos acerca de una visita que hizo durante el fin de semana a una parroquia en Washington donde trabajó cuando era un sacerdote joven.

El 11 de noviembre él se reunió en el Santuario del Sagrado Corazón con adultos jóvenes que compartieron sus historias de inmigración, pero también compartieron con el cardenal cómo se habían beneficiado del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que ahora está en riesgo.

El cardenal O’Malley habló de la emoción que le había causado escuchar las historias de los jóvenes.

Una joven le contó cómo había cruzado el desierto cuando tenía 10 años de edad y del miedo que había sentido. Otro le contó de todos los años que pasó sin ver a sus padres, a quienes no había visto desde su nacimiento porque ellos se habían ido del país buscando un mejor futuro económico para la familia.

“Otro joven dijo: ‘Con DACA me hice una persona en (los ojos de) la sociedad, pude obtener licencia de conducir, viajar por avión, inscribirme en la escuela, tener una cuenta de banco’. … Algunos de ellos están aquí porque sus padres fueron asesinados durante la violencia en El Salvador”, dijo el cardenal.

Dijo que le gustó escuchar los relatos de como la parroquia y otras organizaciones de la iglesia les habían ayudado, dijo el cardenal. Él pidió a los obispos que también les ayudaran.

El obispo Joe S. Vásquez de Austin, Texas, director del Comité sobre Migración de los obispos estadounidenses, y el arzobispo José H. Gómez de los Ángeles le hablaron al grupo sobre sus esfuerzos para ayudar a los jóvenes, a refugiados, incluso a algunos que buscan refugio de la persecución religiosa, así como a aquellos que se benefician del Estatus de Protección Temporal (TPS), en un ambiente político difícil.

“Nos hemos opuesto vigorosamente a las decisiones administrativas recientes respecto a la inmigración y los refugiados”, dijo el obispo Vásquez. “Nuestras enseñanzas nos obligan a hacerlo”.

El país necesita “desesperadamente” una reforma integral de inmigración, él dijo, y ayudar a los migrantes y refugiados y a cualquier otra persona que necesite ayuda es “lo que somos como líderes católicos”, él dijo.

Hay que buscar “legalización y la ciudadanía para los millones de nuestros hermanos y hermanas no autorizados que cumplen con las leyes, pagan impuestos y contribuyen a nuestra sociedad”, él dijo.

“También sabemos que nuestro país tiene el derecho y la responsabilidad de regular nuestras fronteras y aplicar nuestras leyes. Estamos aquí listos para trabajar con todos”, él dijo.

Pero buscar la deportación de aquellos que han estado en el país durante muchos años, “cuyos hijos son nuestros hijos, que trabajan junto con nosotros y pagan impuestos y respetan las mismas leyes que nosotros respetamos” no le sirve al bien común, dijo el obispo Vásquez.

“Todos tenemos que unirnos y definir soluciones buenas, justas y correctas”, él añadió.

Los obispos dijeron que emitirán una declaración apoyando una reforma integral de inmigración.

El cardenal Blase J. Cupich de Chicago dijo que también es importante que los obispos piensen sobre cómo atender “la retórica venenosa” que hay en el país, la que denigra a los inmigrantes y los demoniza, una mentalidad que algunos miembros de la iglesia apoyan.

“También tenemos que pedir la conversión de nuestra gente porque hay algo malo cuando ellos comienzan a creer esa retórica venenosa que nos da una opinión muy (equivocada)” de los inmigrantes y refugiados, él dijo. “Hay algo mal en nuestras iglesias, donde se proclama el Evangelio, y aun así hay gente sale de los servicios de culto, de nuestras Misas los fines de semana, todavía con el eco de esa retórica en sus corazones”.

El obispo Vásquez dijo que es importante que los obispos usen su rol como maestros para decirle a los católicos sobre la doctrina social de la iglesia en cuanto a la inmigración y animar a aquellos que no tienen encuentros con inmigrantes a que los conozcan.

“Ellos no son problemas, no son estadísticas, son personas, igual que nosotros”, él dijo.

El arzobispo Thomas G. Wenski de Miami dijo que como pastores ellos pueden comentar sobre el bien común a la luz de la doctrina social católica sobre la dignidad de la persona humana. Los inmigrantes no son problemas, él dijo; son forasteros, sí, pero forasteros que deben ser vistos y tratados como hermanos y hermanas que hacen este país mejor aunque otros digan lo contrario.

“Podemos hacer Estados Unidos grande, pero no haremos Estados Unidos grande haciéndolo malo”, él dijo, refiriéndose a la frase del presidente que Trump que habla de “hacer nuevamente grande a Estados Unidos”.