Cardenal: En Puerto Rico queda mucho por hacer y mucho sufrimiento

SAN JUAN, Puerto Rico — Lo que el cardenal Blase J. Cupich de Chicago aprendió cuando visitó y habló con la gente de Puerto Rico en diciembre es que “hay mucho trabajo que hacer, mucha gente sufriendo” casi tres meses después que el huracán María devastó la isla.

Durante una visita pastoral, del 3 al 6 de diciembre, un encargo del papa Francisco, el cardenal Cupich viajó por todo Puerto Rico, reuniéndose con sus obispos, sacerdotes y laicos.

Un grupo saluda al cardenal Blase J. Cupich de Chicago en Punta Santiago, Puerto Rico, el 5 de diciembre. Papa Francisco le encargo al cardenal la visita pastoral a Puerto Rico, del 3 al 6 de diciembre, para expresar solidaridad. El cardenal Cupich es canciller de le Extensión Católica que ha dado fondos para reconstrucción después del huracán Maria. (Foto CNS-Rich Kalonick, Catholic Extension)

El papa envió al cardenal a la isla antes de la Navidad para expresar su profunda preocupación por la gente y extender su solidaridad hacia los que están sufriendo.

El cardenal Cupich, canciller de la Extensión Católica, una organización que ayuda a diócesis misioneras pobres, le pidió a la organización que le ayudara con su viaje,

Durante más de una docena de visitas, el grupo se reunió con una variedad de personas. Visitaron una casa madre de hermanas misioneras, un orfanato y muchas parroquias y capillas. Ellos se reunieron con obispos, docenas de pastores, líderes laicos y diáconos que le sirven a los pobres.

La Extensión Católica tiene una larga historia trabajando con las seis diócesis de Puerto Rico, proveyendo aproximadamente $1 millón anualmente para apoyar la construcción de iglesias y ministerios. Desde su primera ayuda a la isla en 1908, la contribución más notable de Extensión Católica a Puerto Rico ha sido su apoyo para la construcción y reparación de 1,400 edificios de la iglesia en la isla.

Este año, Extensión Católica proporcionó $400,000 adicionales en apoyo inmediato después de los huracanes y actualmente está recaudando fondos para ayudar más a la iglesia puertorriqueña en sus esfuerzos de reconstrucción después del huracán.

Mientras viajaban por toda la isla, el cardenal y los que le acompañaron vieron el dolor y la miseria causada por el huracán María. Los centros urbanos y distritos comerciales que solían estar llenos de gente ahora están cerrados en pueblos grandes y pequeños, dando señales de pérdidas enormes de ingresos. Edificios colapsados, casas inundadas y estructuras sin techos abundan. Casi no había semáforos que funcionan, obligando a los conductores a entrar en tensos juegos de agilidad en casi todas las intersecciones, lo cual enredaba el tránsito.

Por toda la isla muchos cables eléctricos todavía siguen sin reparo, enredados como espaguetis al lado de postes de madera gruesa y de concreto que María partió con sus feroces vientos.

Más que cualquier otra cosa, notaron la oscuridad después del atardecer. Con tanta gente todavía sin electricidad, algunas de las únicas luces que alumbraban por la noche venían de hogares que podían pagar el gran gasto de operar un generador de electricidad durante la noche.

El grupo visitó la capilla San Martín de Porres, ubicada en la cima de una montaña cerca de Cidra. El huracán arrancó el techo de su edificio como si fuese papel de aluminio, inundando el salón parroquial y la capilla y dejando la estructura inservible.

Afuera frente al portón había un rótulo anunciando el horario de Misas en parroquias cercanas y en la parte baja del rótulo alguien había escrito: “Con Dios Puerto Rico se levanta”. La nota era una adaptación religiosa del grito de ánimo para la isla, “Puerto Rico se levanta”, desplegado generalizadamente en marquesinas, carteles y letreros por toda la isla.

Cuando bajaron la montaña, el grupo visitó la capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en un vecindario pobre de Caguas.

Randy Tejada, de 21 años de edad, es el coordinador laico que se encarga de la misión. Él y una banda de voluntarios cortaron todos los árboles y los escombros que golpearon la pequeña capilla urbana que fue construida con fondos de Extensión Católica.

Todavía les faltaba remover una palma enorme que cayó en el salón parroquial a la par, también construido con fondos de la Extensión. El árbol aplastó un lado del edificio y destruyó el lugar donde almacenaban alimentos y ropa para los pobres y donde también ofrecían educación religiosa. Ahora está infestado con iguanas y ratas.

No obstante, Tejada no se rinde. Él dijo que con su equipo de voluntarios continuará la limpieza; ellos también ya han comenzado a recaudar fondos para ayudar a levantar de nuevo su amada comunidad.

El cardenal Cupich dijo que mucha gente tiene la capacidad de ser resiliente, pero que de manera especial la comunidad católica puertorriqueña es “resiliente con alegría y felicidad y eso es algo de lo cual soy testigo en este viaje”.

“Estos son compañeros estadounidenses”, dijo el cardenal Cupich. “No olvidemos eso, esto son compatriotas y como nación debemos unirnos en torno a la gente que está sufriendo”.