Historias Personales de Recipientes de DACA

Este verano pasado, escribí una columna sobre la inmigración, en la cual animé a todos nosotros a aprender las historias de nuestros hermanos y hermanas inmigrantes. Recientemente, tuve el privilegio de escuchar las historias personales de cinco mujeres jóvenes, quienes son recipientes de DACA y viven en nuestra diócesis.

El programa DACA, instituido por el presidente Obama, permite que los indocumentados que llegaron a este país como niños a aplicar para estado legal, lo que les permite permanecer en este país, obtener una licencia de conductor, y trabajar legalmente. A fin de calificar para DACA, deben cumplir varios requisitos clave, y se debe renovar DACA cada dos años. El pasado otoño, Presidente Trump anunció que DACA concluirá en marzo de este año, a menos que el Congreso promulga una solución permanente para estos jóvenes, frecuentemente referidos como “Dreamers” (Los Soñadores — los que sueña de una vida mejor).

Mientras que reconozco que las decisiones que rodean DACA e inmigración son generalmente muy complejas, también realizo la importancia de entender el modo que estas decisiones políticas afectan a la gente actual en nuestras vecindades. En la columna de hoy, me gustaría compartir con ustedes algunos de los testimonios personales de las participantes de DACA que tuve la suerte de conocer recientemente.

Al escuchar la historia de cada persona, me quedé asombrado por los muchos sacrificios que fueron hechos por las familias que vinieron aquí. Cuando estas mujeres jóvenes llegaron a los Estados Unidos, sus padres típicamente trabajaban muchas horas, a veces en múltiples puestos de trabajo, a fin de proveer para sus hijos. A menudo, como niñas jóvenes, asumieron importantes papeles en ayudar a criar a sus hermanos o a servir como traductoras para sus padres.

Como resultado, se vieron obligadas a crecer rápidamente y convertirse a adulta. Una participante me dijo que durante sus años de secundaria, ella estaba dedicando 13 horas cada día entre la escuela, el trabajo y las clases de crédito extra de la Universidad. Ella hizo esto con la esperanza de que ella podría avanzar y luego cuidar a sus padres algún día cuando llegaran a la jubilación.

Otra participante dijo de sus padres, “Ellos han renunciado tanto por mí. Quiero que se sientan orgullosos.” Cada una de las participantes compartió relatos similares de los sacrificios que ellas y sus familiares hicieron el uno para el otro, bellamente ilustrando el concepto cristiano del amor, que es querer el bien del otro.

A través de esta visita, llegué a comprender que DACA proporciona un modo de salvación para muchos jóvenes. Antes de DACA, una mujer dijo, que se preguntaba si graduarse de la escuela secundaria importaba, ya que sería muy difícil conseguir un trabajo sin documentación. Cuando DACA fue disponible, sin embargo, recibió la autorización para trabajo, y a los 16 años, ella pudo trabajar tres diferentes trabajos para ayudar a pagar el alquiler. Hoy ella asiste a la universidad, tiene un trabajo y tiene los sueños de un día ser una profesora.

Otra mujer compartió cómo DACA le ayudó a poder ser voluntaria en la escuela que sus hijos asisten. Antes de DACA, no podía ser voluntaria porque la escuela requería una revisión de antecedentes.

Todas estas historias personales me mostraron lo importante que DACA ha sido en las vidas y el futuro de estas familias. DACA ha sido instrumental en ayudar a estas mujeres a construir su vida con un futuro prometedor, y les ha empoderado a participar plenamente en sus comunidades, a la vez que reflejan su dignidad dada por Dios.

La incertidumbre actual del programa DACA acompaña gran temor y ansiedad por estas mismas mujeres. Una joven mujer comenzó a llorar al describir su temor de que todo su trabajo duro será renunciado si DACA se rescinde. Al escuchar la emoción en su voz, mi corazón se rompió también.

Otra mujer describió cómo ella y su marido pudieron comprar una casa a causa de DACA. Si DACA sea rescindido, sin embargo, la oradora se pregunta qué va a pasar con su familia si tienen que regresar a México, incluidos sus hijos, que son ciudadanos estadounidenses. Enfrentar este temor e incertidumbre es un desafío cargante para estas mujeres jóvenes y sus familias.

Después de escuchar todas estas historias, tengo que creer que nosotros, como nación de libertad, somos capaces de encontrar una solución a este tema. Debemos recordar que todos los destinatarios de DACA llegaron aquí con sus padres que buscaban mejores vidas para sus familias; algo que todos nosotros queremos para nuestras propias familias.

Porque vinieron aquí como niños, los Estados Unidos de América es el único país que conocen. Es el hogar de ellos. Como ciudadanos, no debemos permitir que los receptores de DACA sean utilizados como peones políticos, sino más bien, debemos instar a nuestros líderes políticos a apoyar una solución legislativa para Los Soñadores. Aunque este desafío es bastante complejo, estoy seguro de que con la ayuda de Dios, ¡Podemos encontrar una manera!

Para concluir, quiero ofrecer mi apoyo de oración para Los Soñadores y sus seres queridos. Gracias por sus contribuciones positivas a nuestras escuelas, nuestras parroquias y nuestras comunidades. Por favor, sepan que estoy orando por ustedes todos los días durante este tiempo de incertidumbre. ¡Que la paz de Jesucristo, que sobrepasa todo entendimiento, esté con ustedes y les dé consuelo en este tiempo de necesidad, y que Dios les bendiga siempre!