Comisión para América Latina propone sínodo sobre mujeres

CIUDAD DEL VATICANO — La Iglesia Católica en América Latina tiene que reconocer y apreciar el rol de la mujer y terminar la práctica de usarlas solamente como servidoras sumisas en las parroquias, dijeron miembros de una comisión pontificia.

Además, al final de su reunión plenaria realizada del 6 al 9 de marzo en el Vaticano, miembros de la Pontificia Comisión para América Latina propusieron que la iglesia lleve a cabo un Sínodo de los Obispos “sobre el tema de la mujer en la vida y misión de la iglesia”.

“Todavía existen clérigos ‘machistas’ mandones que intentan usar a las mujeres como sirvientas dentro de sus parroquias, casi como clientes sumisos de culto y de trabajo manual para lo que sea necesario. Todo esto tiene que terminar”, dice el documento final de la reunión.

L’Osservatore Romano, periódico del Vaticano, informó el 11 de abril que el tema de la reunión de cuatro días, “La mujer, pilar en la edificación de la Iglesia y de la sociedad en América Latina”, fue escogido por el papa Francisco.

Además de 17 cardenales y siete obispos miembros de la comisión, el papa pidió que algunas mujeres líderes latinoamericanas fueran invitadas también; ocho laicas y seis religiosas participaron en la reunión de cuatro días y en la redacción de recomendaciones pastorales, dijo el periódico.

Aunque la asamblea expresó gratitud por y basó muchas de sus propuestas en el documento de Aparecida de los obispos latinoamericanos, los participantes dijeron que más tiene que hacerse para implementar soluciones concretas a los problemas que enfrentan a las mujeres de América Latina.

Cuando era arzobispo de Buenos Aires, Argentina, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio dirigió el comité de redacción del documento final de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe realizada en Aparecida, Brasil en 2007.

El llamado del documento de Aparecida a renovar el compromiso de la iglesia con la misión del discipulado en América Latina tiene que ser seguido por las iglesias locales, especialmente “denunciando toda forma de discriminación y opresión, violencia y explotación que las mujeres sufren en varias situaciones”, declaró el documento final de la Pontificia Comisión para América Latina.

Expresando gratitud por el testimonio cristiano ofrecido por las mujeres de la vida consagrada, las madres que son “auténticas ‘mártires’ dando sus vidas por sus familias” y las viudas que sirven a sus comunidades con caridad, el documento de la comisión dice que la mujer puede y debe tener un mayor rol en la vida eclesial, incluyendo en la formación de futuros sacerdotes.

Para que los sacerdotes puedan beneficiarse de la “genialidad femenina”, dice, es importante que las mujeres casadas y las consagradas “participen en el proceso de formación”.

Las mujeres deben ser parte “de los equipos de formación, dándoles la autoridad de enseñar y acompañar a los seminaristas y tener la oportunidad de intervenir en el discernimiento de la vocación y en el desarrollo equilibrado de los candidatos al ministerio sacerdotal”, dice el documento.

La comisión también advirtió sobre la influencia negativa que tienen las telenovelas en las mujeres latinoamericanas porque esos programas disminuyen la importancia de los matrimonios y las familias que son etiquetadas como “tradicionales” mientras proponen una variedad de otras formas de cohabitación.

Además, el documento dice que estos “intentan socavar la maternidad, que es presentada como una prisión que reduce las posibilidades de bienestar y progreso de la mujer”.

Los participantes advirtieron que en América Latina las mujeres pobres están expuestas a “formas indignas y horribles” de explotación “alquilando sus úteros” como sustitutas e influenciadas por organizaciones foráneas.

“Los cabilderos feministas bien financiados y orquestados por agencias internacionales” tienen un rol en rebajar la dignidad de la mujer, añade el documento.

La figura de María como “una mujer libre y fuerte, obediente a la voluntad de Dios” puede ser crucial para “recuperar la identidad de la mujer y su valor en la iglesia”, dice el documento.

Como María al proclamar el “magníficat”, las mujeres pueden tener una voz profética y demostrar “la dimensión femenina y maternal de la iglesia”, afirma el documento.

“La Iglesia Católica, siguiendo el ejemplo de Jesús, tiene que estar libre de prejuicios, estereotipos y discriminación contra las mujeres”, dice el documento final. “Las comunidades cristianas deben realizar una seria revisión de vida para una ‘conversión pastoral’ capaz de pedir perdón por todas las situaciones en las cuales han sido y todavía son cómplices de atentados contra su dignidad”.

Los participantes en la reunión pidieron mejorar las relaciones entre los obispos locales y las órdenes religiosas de mujeres que ministran en sus diócesis, diciendo que las religiosas “tienen que ser reconocidas y valoradas siendo conjuntamente responsables por la comunión y la misión de la iglesia”.

Los participantes dijeron que las mujeres deberían estar más involucradas en la toma de decisiones en los niveles eclesiásticos parroquiales, diocesanos, nacionales y globales. Tal apertura no es “una concesión ante la presión”, sino el resultado de un conocimiento de que “la ausencia de las mujeres en la toma de decisiones es un defecto, una laguna eclesial, el efecto negativo de la mentalidad clerical y machista”.

Ellos dijeron que tienen que hacerse mayores esfuerzos para educar a los hombres para superar el machismo, contrarrestar el abandono de sus hijos y “la irresponsabilidad en el comportamiento sexual”.