Jesuita: Para parar la inmigración, no manden ayuda militar a Honduras

By Rhina Guidos | Catholic News Service | May 30, 2018

WASHINGTON — Recorrer los pasillos del Congreso de Estados Unidos es una de las últimas cosas que el padre jesuita Ismael Moreno Coto imaginó que tendría que hacer en sus funciones de su vida sacerdotal.

El padre jesuita Ismael Moreno espera en la oficina del congresista de Georgia Henry “Hank” Johnson en el Capitolio de los Estados Unidos el 17 de mayo antes de una conferencia de prensa. El sacerdote hondureño, más conocido como el padre Melo, se reunió a mediados de mayo con legisladores estadounidenses para hablar en contra de la ayuda militar al país centroamericano. (Foto CNS-Rhina Guidos)

“Si yo no tuviera que venir, no vengo nunca”, dijo el sacerdote hondureño, conocido popularmente como el padre Melo, durante una entrevista con Catholic News Service el 17 de mayo en el Capitolio de Estados Unidos, donde estuvo hablando con legisladores estadounidenses tratando de detener la ayuda militar al país centroamericano. Padre Melo considera que ese dinero contribuye a un gobierno que no solo reprime a sus ciudadanos, sino que no hace nada para detener los problemas socioeconómicos del país.

Esos problemas son la causa del continuo flujo de hondureños que buscan escapar el caos y dirigirse al norte, así que si los EEUU quiere que la inmigración pare, hay que parar el flujo de dinero a un gobierno que está empeorando esas condiciones, dijo.

La gente no emigra porque está de moda, dijo el padre a CNS, sino se va porque las condiciones sociales en Honduras han deteriorado.

“¿Por qué la gente se va (de Honduras)?”, pueden preguntarse algunos, dijo. “No es porque ellos quieren, sino porque se ven obligados a hacerlo”.

Muchos en Honduras, el segundo país más pobre en América Central, están desempleados o subempleados, muchos son víctimas de extorsión y violencia de pandillas, otros han sido desplazados de sus casas en las zonas rurales por proyectos mineros e hidroeléctricos y otros simplemente están huyendo de un gobierno represivo, dijo el padre Melo.

“No encuentran alternativas económicas de empleo y entonces buscan el camino a Estados Unidos sin importar los riesgos y los peligros”, dijo. “No les importa si dicen que (el presidente estadounidense) Trump ha tomado nuevas medidas y nuevas leyes o que digan que el muro se ha hecho mucho más fuerte y se ha militarizado la frontera. No. Le decisión de fortalecer la frontera y la decisión de aprobar nuevas leyes no cambia la decisión que ya ha tomado la población de salir del país. Lo que aumenta es el peligro, las muertes de los migrantes en el camino, pero no cambia la decisión”.

El padre Melo se reunió con compatriotas hondureños que viven en el exterior, durante una visita de una semana en mayo a 10 ciudades en Estados Unidos que incluyó reuniones con inmigrantes amparados por el Estatus de Protección Temporal (TPS), un programa de inmigración que les facilitó a unos 57, 000 hondureños permisos de trabajo renovables y aplazar la deportación. La administración Trump anunció al principio de mayo que las protecciones para los hondureños terminarían al principio del 2020.

Dijo que muchos están “preocupados por el miedo de regresar a Honduras, sino porque tienen miedo de la violencia, miedo por la represión”, dijo en referencia a las reuniones que tuvo con ellos. Compartió esos comentarios con los legisladores estadounidenses, a la vez que les pidió que encuentren una solución que mantendría a sus compatriotas en los Estados Unidos hasta que la condición en su patria mejore. Si no, habrá consecuencias que también afectarán a los Estados Unidos, dijo.

“Lo que les dije es ‘prepárense para recibir más migrantes'”, si las condiciones en Honduras continúan deteriorándose, dijo.

“Los migrantes que vienen aquí (a los EEUU) no son delincuentes, sino que gente pobre a la que se les cerró la oportunidad de vivir con dignidad en Honduras”, agregó el padre. “No son ni delincuentes ni terroristas ni narcotraficantes, y peor todavía, no son animales, como les llamó Trump. Es un pueblo que está desesperado, y que es un pueblo que se ha visto en obligación de salir”.

Los EEUU ha estado apoyando a un grupo de hondureños que controlan el gobierno, quienes “son productores de los pobres”, según el sacerdote.

Por su franqueza, el padre Melo ha obtenido fama internacional como defensor de los derechos humanos, pero también se ha convertido en un objetivo. En enero, la Compañía de Jesús tomó la decisión de denunciar públicamente “las graves amenazas” contra él, temiendo que un ataque era inminente.

“Ni deseo, ni busco una muerte violenta”, le dijo a CNS. “Quienes me conocen, saben que no busco que me maten. Yo quiero mucho la vida”.

El padre Melo escapó de un roce con la muerte cuando dos de sus amigos, Berta Cáceres –una activista hondureña defensora de las causas indígenas y medioambientales– y el ambientalista mexicano Gustavo Castro Soto, se les disparó durante la noche del 2 de marzo del 2016. Castro estaba de visita para un taller y estaba hospedado en la casa de Cáceres en la ciudad de La Esperanza. Cáceres había llamado al padre Melo ese día para instarlo a visitar su casa de modo que pudiera pasar tiempo con Castro, su amigo mutuo.

“Véngase, Melo, véngase para que estemos con Gustavo” fueron algunas de las últimas palabras que ella le dijo, pero el padre Melo no aceptó porque estaba demasiado cansado ya que acababa de regresar de Nicaragua. Cuando despertó a las 4 de la mañana siguiente, vio un montón de mensajes en su teléfono y entonces recibió una llamada de un amigo.

“¿Ya sabe la noticia? Dicen que mataron a Bertita”, dijo, recordando lo que le dijeron por teléfono. “Yo respondí: ‘¿Estás seguro?’ Fue una noticia muy traumática. Éramos muy amigos”.

Cuando Cáceres visitaba la municipalidad de El Progreso, Honduras, donde él vive, ella se quedaba en casa de la madre del padre Melo o en la residencia de su comunidad religiosa. El sacerdote a menudo ha dicho públicamente que el gobierno es responsable por su muerte ya que ella se oponía a los proyectos respaldados por el gobierno en las zonas rurales, los cuales estaban desplazando a comunidades indígenas y rurales.

Cáceres con frecuencia salía al aire en Radio Progreso para denunciar lo que ella consideraba injusticias contra los pobres e indígenas. Fue una de las dos personas asesinadas en los últimos cuatro años vinculadas con la estación radial y un centro de derechos humanos afiliado, pero muchos más han sido amenazados, dijo el padre Melo.

“Me preocupa no solo la vida mía, pero también la vida de mis compañeros y compañeras. Somos 58 personas en la estación de radio”, contó. “Por eso he venido a Estados Unidos, a hablar de Honduras, del trabajo nuestro. Tengo la responsabilidad de proteger a quienes están protegiendo los derechos humanos y quienes están ejerciendo libertad de expresión”.

Las amenazas no son solo físicas sino también abarcan una campaña de desinformación contra él, sus colegas y su trabajo, dijo el padre.

Se han presentado acusaciones de porte de armas, planes de derrocar al gobierno y desorden público, contra hondureños que han hablado en contra del presidente Juan Orlando Hernández y lo que ellos llaman su gobierno “ilegítimo”.

Aun cuando la constitución de Honduras limitó a su presidente a un solo periodo de seis años, Hernández buscó y arrebató un segundo término al final del año pasado y empezó ese segundo término bajo una nube de críticas y demandas de que renuncie. Algunos de esos críticos han sido encarcelados.

El padre Melo se ha manifestado en contra de esas detenciones y habló del asunto con los legisladores estadounidenses y el Departamento de Estado de Estados Unidos pidiendo ayuda para liberarlos.

Sus acciones en nombre de los hondureños no son sin motivos egoístas, dijo, admitiendo su miedo, no solo por lo que le pudiera suceder algo a él sino también a aquellos cercanos a él y de los que es responsable.

“De por medio están nuestras vidas, son las que están en peligro”, dijo.

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