Peregrinos jóvenes reciben símbolos de Jornada Mundial de la Juventud

HOUSTON — A pesar de los casi 100 grados de temperatura, Jaime Reyna manejó cuatro horas de Corpus Christi a Houston el 23 de agosto. Su propósito: una peregrinación con cinco adolescentes de la Diócesis de Corpus Christi, donde él sirve como director de la pastoral juvenil, hasta la cocatedral Sagrado Corazón en Houston, para ver la cruz y el ícono mariano de la Jornada Mundial de la Juventud.

El papa Francisco bendice a un hombre del estado mexicano de Quintana Roo durante su audiencia general en la plaza de San Pedro el 29 de agosto en el Vaticano. (Foto CNS — Alessandro Bianchi, Reuters)

Los dos símbolos de la Jornada Mundial de la Juventud, la masiva celebración internacional católica con adultos jóvenes, se celebrará en Panamá en enero. Los símbolos pasaron por la arquidiócesis de Houston casi exactamente un año desde que el huracán Harvey pasó por la ciudad en 2017. La tormenta afectó a varias diócesis a lo largo de la costa de Texas: Reyna, Corpus Christi, así como Victoria, Galveston-Houston y Beaumont.

Reyna estuvo en la multitud de más de 1,000 personas presentes para la celebración de tres horas y media que incluyó veneración y procesión de la cruz y el ícono y una Liturgia de la Palabra presidida por el obispo auxiliar George A. Sheltz de Galveston-Houston.

Los adolescentes de Corpus Christi ayudaron a cargar la cruz, lo cual Reyna dijo que era una bendición.

“El hecho de que … ellos pudieran tocar y cargar la cruz como lo hacen en las Jornadas Mundiales de la Juventud, que algunos de ellos nunca experimentarán por distintas razones; el hecho de que ellos pudieran cargarla aquí, tendrán una historia que compartir no solo con sus amigos, sino quizás con sus futuros hijos. Eso significó mucho para ellos y lo compartieron conmigo y creo que ellos están ansiosos por compartirlo con todos los demás en casa”, él dijo.

Coros comunitarios de toda la arquidiócesis cantando en varias lenguas se unieron para dirigir el culto durante la veneración continua después de la procesión.

El obispo Sheltz confrontó durante su homilía los escándalos de abuso sexual por sacerdotes que han sacudido la Iglesia Católica en años recientes.

“Me molestó mucho cómo las cosas fueron encubiertas por (representantes de la iglesia) y los obispos”, dijo el obispo Sheltz. “Me puse histérico, pero no puedo simplemente sentarme aquí y estar furioso. Como obispo es parte de mi responsabilidad que no permitamos que estas cosas sucedan otra vez. Como iglesia tenemos que ponernos de pie y orar por los que han sido heridos, cuyas vidas han sido dañadas. Les pido que hagan lo mismo”.

Él exhortó a los jóvenes a mirar la cruz y enfocar sus oraciones para ayudar a los sobrevivientes del abuso.

A los que irán a Panamá él les dijo que “sean testigos del amor de Dios. Sean buenos ejemplos de qué es ser de Houston y de Texas. Díganle ‘howdy’ a todos. Estén orgullosos de ser cristianos católicos y estén dispuestos a servirle a Dios en todo lo que hacen todos los días de sus vidas”.

La cruz y el ícono estaban en una gira de nueve días por todo Estados Unidos del 19 al 27 de agosto. El Domingo de Ramos después de cada Jornada Mundial de la Juventud la cruz es transferida de los jóvenes del país anfitrión de ese año a los jóvenes del país que será anfitrión durante la siguiente celebración. Ya que Panamá es un país tan pequeño, la gira actual fue ampliada para incluir América Central, el Caribe y cinco ciudades estadounidenses: Chicago, Miami, Houston, Washington y Los Ángeles.

En Washington la procesión con la cruz comenzó el 25 de agosto en la escalinata del Monumento a Lincoln, donde el arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta de Panamá le dio la bienvenida al país a los peregrinos para la celebración de enero.

Neida Morales, joven de 19 años que viajó a Washington desde Carolina del Norte, está planeando ir a Panamá. Ella dijo que espera ansiosa “acercarme a Dios, intentando descubrir cuál es mi propósito en la vida” mientras está allí.

Helen Trimble, de la parroquia St. Mary of the Mills en Laurel, Maryland, dijo de manera similar que tiene “la esperanza de tener una mejor idea de qué hacer con mi vida y cuál es mi vocación”.

Mientras la multitud se preparaba para procesionar hacia varios monumentos a lo largo del Paseo Nacional, el arzobispo Ulloa señaló cómo las personas recordadas en los monumentos ayudaron a darle forma a Estados Unidos.

“Estas personas nos invitan a ser diferente”, él dijo. “Cristo, siempre joven, nos está invitando a dejar que nuestra huella haga historia en las vidas de los demás. Seamos protagonistas de esta historia”.

Mientras los jóvenes procesionaban por el Paseo Nacional, el dolor de la crisis del abuso sexual en la iglesia se sentía fuertemente. Miembros del equipo de líderes de la cruz de la Jornada Mundial de la Juventud dijeron que planeaban ofrecer la procesión “en oración por lo herida que está la iglesia de Cristo en nuestra ciudad y en nuestro mundo”.

El obispo auxiliar Roy Campbell Jr. de Washington dijo en comentarios a los jóvenes: “La cruz que cada uno de nosotros lleva se ha hecho más pesada por la reciente terrible revelación de décadas de abuso sexual del pueblo de Dios”.

Él añadió que los sobrevivientes del abuso “no deberían tener que sufrir cargando la cruz del sufrimiento, la humillación o la vergüenza”. Él exhortó a los participantes a orar por esas víctimas y a actuar como “instrumentos de la paz de Dios” para prevenir abuso futuro.

Adultos jóvenes de la parroquia St. Dominic en Washington estaban entre los que cargaron la cruz durante la procesión. Las intenciones de las oraciones para esa parte del viaje fueron por los incapacitados y por las personas afectadas por el escándalo del abuso.

Christiana Gellert, una joven de la parroquia, dijo que estaba “agradecida por la oportunidad de hacer un poquito de reparación” por todos los pecados cometidos en la iglesia.

Cuando el grupo había llegado al Monumento a Martin Luther King, el obispo Barry Knestout de Richmond, Virginia, reflexionó sobre el discurso titulado “tengo un sueño” del líder de los derechos humanos, en el cual él “hablaba de un sueño de harmonía racial … un enfoque en la dignidad de las personas humanas y cómo esa dignidad debería reflejarse en todo lo que decimos y hacemos”.

La ruta también llevó a los participantes al Monumento a Washington y al Castillo Smithsonian, donde el obispo auxiliar Mario Dorsonville de Washington reflexionó sobre la cruz que los inmigrantes tienen que llevar.

“Podemos decir ‘yo te ayudaré'”, dijo el obispo Dorsonville a los jóvenes animándolos a escuchar el llamado del papa Francisco a moverse de una cultura de indiferencia a una cultura de solidaridad.