Sacerdotes hablan desde el púlpito sobre acusaciones contra arzobispo

By Carol Zimmermann | Catholic News Service | August 2, 2018

WASHINGTON — Para sus homilías del fin de semana del 21 y 22 de julio, el padre Edward Looney, administrador de dos parroquias rurales en Wisconsin, tenía planeado predicar sobre como incluir a Dios en las vacaciones de verano.

El cardenal Theodore E. McCarrick, arzobispo jubilado de Washington, pronuncia la homilía en 2009 en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington. El papa Francisco ha aceptado la renuncia del Colegio Cardenalicio del arzobispo McCarrick y le ha ordenado mantener “una vida de oración y penitencia” hasta que un juicio canónico examine las acusaciones de que abusó sexualmente de menores. (Foto CNS-Nancy Wiechec)

Un esquema de la charla estaba escrito a mano en pequeñas hojas.

Pero cuando escuchó las primeras líneas de la primera lectura de Jeremías durante la Misa vespertina del sábado, el sacerdote hizo un cambio decidiendo que tenía que decir algo sobre las acusaciones de abuso sexual contra el ahora ex cardenal Theodore E. McCarrick, arzobispo jubilado de Washington.

“Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal”, comienza el pasaje de Jeremías 23.

Este continúa con palabras severas para los pastores que no han cuidado de sus ovejas y dice que ellos serán castigados por sus malas acciones.

El mensaje le llegó al padre Looney, quien fue ordenado en 2015 y es un invitado frecuente en el programa de radio “Morning Glory” de ETWN.

“Lo pensé y cuando llegué al púlpito sabía que era una decisión de último momento” para una homilía nueva, él dijo a Catholic News Service.

Así que para la Misa de las 4 p.m. del 21 de julio en la parroquia St. Peter and St. Hubert en Rosiere, Wisconsin, y en Misas subsiguientes allí y en la iglesia católica St. Francis and St. Mary a 10 minutos de distancia en Brussels, el sacerdote vinculó el pasaje del Antiguo Testamento con la situación actual en la iglesia.

El pidió a los feligreses que oraran por todos los afectados por las recientes acusaciones de abuso, por todos los que hayan sido abusados y también para que el culpable llegue al punto de arrepentirse, admita su culpabilidad y pida perdón a Dios y a los demás.

Él dijo que el asunto toca muy de cerca porque un sacerdote fue encontrado culpable de haber cometido abuso sexual hace años en un pueblo vecino.

Padre Looney publicó su homilía en las redes sociales, como lo hace a menudo, y una persona que respondió se lo agradeció diciendo que él fue víctima del abuso y no ha perdido la fe en la iglesia, por la cual todavía ora, pero ha perdido la fe en los sacerdotes.

A unas 700 millas de distancia, la misma lectura que inspiró a padre Looney también inspiró la homilía de padre Alek Schrenk en Butler, Pennsylvania. Padre Schrenk, vicario parroquial de tres parroquias pequeñas — St. Michael, St. Paul y St. Peter — dijo que a la luz de la primera lectura él no veía cómo podía dejar de abordar las acusaciones de abuso, señalando que él todavía estaba luchando para entender lo que había sucedido “tanto como cualquier otra persona”.

El sacerdote, quien fue ordenado apenas el año pasado y recibirá un nuevo nombramiento en el otoño debido a la reorganización de parroquias en la Diócesis de Pittsburgh, dijo que sentía la necesidad de expresarse sobre “el abuso de poder en la iglesia”, especialmente ya que eso está en las mentes de muchas personas locales debido a la inminente publicación del informe del gran jurado sobre una investigación de acusaciones de abuso sexual por clérigos, de hace muchas décadas, en la Diócesis de Pittsburgh y en otras cinco diócesis de Pennsylvania.

Él también dijo que cree que los feligreses necesitan escuchar a un sacerdote hablar honestamente sobre esta situación y “les dé un lente para verla a través de la fe”.

Después de la Misa él dijo que los comentarios fueron uniformemente positivos y muchas personas le dijeron que eso requirió mucho valor.

Él dijo que había preparado la homilía, escribiéndola para asegurarse de usar fraseología correcta porque no quería poner a sus feligreses en contra de los líderes eclesiales. Pero cuando la leyó durante la primera Misa se sintió emocionado con lo que describió como rabia honesta.

“Me sentí traicionado como sacerdote”, dijo a CNS.

Un feligrés le dijo que estaba contento porque él no había barrido el asunto bajo la alfombra. Otra persona que visitaba desde la Diócesis de Erie, Pennsylvania, dijo que venía de una parroquia donde su pastor fue removido debido al abuso y pidió una copia de la homilía para poder enviársela a su familia.

Padre Schrenk dijo que la situación es desalentadora, pero dijo que también puede servir para que la gente se dé cuenta de que “podemos hacer algo para reparar el daño. Podemos tomar lo que es tan bueno de la iglesia y rescatarlo y enfatizarlo”.

El sacerdote, quien estaba en el séptimo grado cuando la crisis del abuso en la iglesia era noticia en los titulares, dijo que “se ha hecho más obvio que el camino a la sanación es más largo qué lo que pensábamos” y requiere “una reparación sistémica”.

En la Arquidiócesis de Washington, que el arzobispo McCarrick dirigió desde 2001 hasta su jubilación en 2006, algunos sacerdotes mencionaron las acusaciones de abuso ese primer fin de semana después que estas se hicieron públicas el 20 de junio. Otros hablaron de eso durante el fin de semana del 28 y 29 de julio, después que el Vaticano anunció que el papa Francisco había aceptado la renuncia del cardenal McCarrick del Colegio Cardenalicio y le ordenó mantener “una vida de oración y penitencia” hasta su juicio canónico.

El padre franciscano conventual Matt Foley, quien presidió el fin de semana en la parroquia St. Rose of Lima en Gaithersburg, Maryland, dijo en su homilía del 29 de julio que habían sido “un par de semanas fuertes” para los católicos y dijo que la reacción a las noticias debería ser “redoblar nuestra fidelidad” y recordar que “no estamos solos en nuestra vida de fe”.

El diácono Greg Kandra, de Brooklyn, Nueva York, y autor del blog “The Deacon’s Bench”, también se sintió obligado a hablar sobre el arzobispo McCarrick en una homilía, aunque él no estaba programado para predicar el fin de semana del 28 y 29 de julio.

El publicó en su blog la homilía que él hubiese ofrecido, la cual fue compartida miles de veces y publicada en la página de Facebook de una parroquia.

En su reflexión, él se refirió a la primera fiesta oficial del beato Stanley Rother, sacerdote de Oklahoma que sirvió como misionero en Guatemala durante la guerra civil, cuando los sacerdotes y religiosos eran marcados a menudo. El sacerdote, quien fue atacado y asesinado en la rectoría en 1981, le había dicho a su familia que no podía irse porque “el pastor no corre a la primera señal de peligro”.

El diácono Kandra dijo que es bueno recordar esas palabras especialmente ahora “porque los titulares de las pasadas semanas han hecho algo muy claro: demasiados de nuestros pastores corrieron. Miraron hacia el otro lado. Facilitaron el pecado”.

“Muchos me han escrito indignados”, dijo el diácono. “Están rabiosos. Se sienten traicionados. Pero hay algo más que sienten. Igual que las miles de personas en el Evangelio que acabamos de escuchar, sienten hambre. Están hambrientas de justicia. Hambrientas de rendición de cuentas”.

Él señaló que la gente vive en “tiempos peligrosos y traicioneros” y que “las cosas podrían empeorar antes de mejorar. Pero mejorarán. Sí, mejorarán”.

El diácono instó a otros a no desesperarse y habló de las muchas razones por las cuales él sigue siendo católico, terminando con: “Soy católico. A pesar de todo. Debido a todo. Soy católico. Este es mi credo”.

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