Salvadoreños celebran al patrono de su país, con alegría por nuevo santo

WASHINGTON — A la distancia, los salvadoreños del área de Washington se unen a la alegría de su país natal por la canonización del beato Óscar Arnulfo Romero, recordando la obra del mártir, esperando con emoción el histórico momento, planeando celebraciones en parroquias locales y viajes al Vaticano.

“Todos los salvadoreños pedían que lo convirtieran en santo porque abogó mucho por su pueblo y merece que lo suban a los altares”, dijo Magdalena Trejo el 4 de agosto en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, donde un grupo de salvadoreños celebraba la fiesta patronal del Divino Salvador del Mundo, la cual observa la Transfiguración del Señor. Era una de varias celebraciones de la zona de Washington a comienzos de agosto donde salvadoreños expresaron su emoción por la pronta canonización, la ceremonia en la cual el beato Romero será proclamado santo.

“Con su obra en vida y con su muerte, monseñor Romero ya se había ganado la merecida santidad”, dijo Trejo.

Trejo formó parte de un grupo de unas 500 personas de la zona de Washington que se reunió en la basílica para celebrar la fiesta patronal de El Salvador y que incluyó una procesión y una Misa.

El homilista, padre Moisés Villalta, dijo que las fiestas patronales de este año sin duda son dedicadas a quien se llamará “San Romero, obispo y mártir” a partir del 14 de octubre.

“Hay mucha expectativa y entusiasmo en la comunidad salvadoreña de Estados Unidos por la canonización. Se concreta un sueño de los salvadoreños, es motivo de alegría y a la vez suscita la responsabilidad compartida de difundir el mensaje de monseñor Romero al mundo”, dijo el padre Villalta, párroco del Santuario del Sagrado Corazón en Washington.

“Es el primer santo salvadoreño, hay gozo por conocerle y darlo a conocer al resto de la iglesia. Queremos darle realce a su figura y que la gente lo vea como un modelo a seguir”, dijo.

El fraile capuchino considera que el nuevo santo es un símbolo de fe y esperanza, especialmente durante un momento en el cual los inmigrantes a Estados Unidos encaran muchos problemas de inmigración. Ante situaciones que no parecen tener solución, un nuevo santo motiva a la oración en busca de un milagro, dijo.

En la parroquia Sagrado Corazón se viene realizando desde 1994 la celebración anual en honor al beato Romero, quien fue arzobispo de El Salvador de 1977 hasta el 24 de marzo de 1980 cuando fue asesinado durante la guerra civil del país.  Ahora la comunidad se une para celebrar su elevación a los altares.

Casi treinta personas su parroquia van a viajar a Roma para la canonización y la mitad del grupo son anglosajones, dijo el padre Villalta.

“Prueba de que todos quieren a Romero”, dijo el padre.

Una vez en Roma, participarán en ponencias, conversatorios y un concierto el 13 de octubre, la ceremonia de canonización el 14, y una misa de acción de gracias el día 15 con el cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez.

Sonia Marlene Aquino es una de las que conforman esa delegación y dice que la canonización es un acto del amor de Dios por los salvadoreños.

“Hemos sido testigos del gran trabajo de monseñor Romero como pastor en los tiempos difíciles de nuestro país, ahora se convertirá en nuestro primer santo y es motivo de gran alegría y esperanza”, expresó.

“Queremos presenciar y ser parte de esta gran fiesta, por la que hemos orado y esperado durante años”, Aquino dijo, emocionada por el viaje.

En el santuario ya cuentan con gorras y camisetas especiales para la ocasión que tienen impresas las palabras del beato: “Ningún hombre se conoce hasta que no se encuentra con Dios”. Existen planes para difundir la ceremonia en una pantalla gigante y una misa posteriormente con estudiantes de escuelas católicas.

Quienes admiran al beato Romero aseguran que su mensaje está más vivo que nunca y que su profecía se concreta: “Aunque muera, resucitaré en mi pueblo”.

“Tal cual él lo dijo, así se ha cumplido”, dijo Gloria Mendoza, quien estaba presente durante el evento de agosto. “Luego de su asesinato la gente está más apegada a la fe, con más fervor por sus creencias religiosas, con la convicción de que la sangre de Romero no corrió en vano y algo bueno ha de emerger de su trágica muerte”.

“Él ya era un santo porque llevaba la santidad por dentro”, dijo Mendoza, quien dice estar más que feliz y califica como un honor y un privilegio que El Salvador tenga su primer santo.

Mendoza es miembro del comité del Divino Salvador del Mundo que organiza la festividad en Washington desde 1984, una expresión de religiosidad popular que mantiene vivas las tradiciones de su tierra. “Lo hago por mi fe y para dar a conocer nuestras raíces, nuestra cultura, el lugar de donde venimos.”

Durante el evento, devotos cargaron una enorme imagen de Cristo, rodeada de flores. Entonaron cantos al son de guitarras y cada uno ondeaba con orgullo una pequeña bandera de su país.

No hubo fuegos artificiales como en El Salvador, pero sí un convivio para compartir delicias salvadoreñas. Fue una oportunidad para que los salvadoreños de la región celebraran en comunidad y para fortalecer sus tradiciones –aunque la distancia y el tiempo les separa de su patria. Más de treinta negocios locales patrocinaron la celebración y los fondos recaudados serán enviados a la Fundación Monseñor Romero que se encarga de la canonización.

“Ahora ‘la voz de los sin voz’ –como se le conoció a monseñor Romero– será escuchada mucho más fuerte en todo el mundo. Con su canonización se hace justicia y esperamos en Dios que ponga en el radar a otros pueblos en Latinoamérica que hoy luchan por las mismas causas”, dijo la inmigrante salvadoreña Claudia Bartolini.

Faltan más de dos meses para la ceremonia de canonización en la cual el hombre que se le conoce como “monseñor” se declarará santo, pero ya fluyen las emociones.