Despite migrants’ plight, outreach to them gives nun ‘hope in humanity’

WASHINGTON — El trabajo atento de la hermana Norma Pimentel hacia los inmigrantes en la frontera entre Estados Unidos y México le llamo la atención al papa Francisco en 2015 durante una reunión comunitaria con el pontífice televisada por ABC-TV.

Y en mayo, la hermana fue galardonada con la Medalla Laetare de la Universidad Notre Dame por su ministerio, considerado el más alto honor de la nación para los católicos.

Pero tal vez su vida y su trabajo pueden ser resumidos mejor por el nombre de su orden religiosa, Misioneras de Jesús, porque eso es lo que ella es y eso es lo que ella hace.

“La manera en que podemos dar gracias a Dios es cuidar a los que están ante nosotros necesitando ayuda”, dijo sor Norma durante una visita reciente a Washington.

La directora ejecutiva de Caridades Católicas del Valle del Río Grande en la Diócesis de Brownsville, Texas, se dirigió a una audiencia de 75 personas, que incluyó mayormente adultos jóvenes, después de una cena de lasaña en el sótano de la iglesia episcopal All Souls.

Con ella estuvo el obispo auxiliar Mario E. Dorsonville de Washington, presidente electo del Comité sobre Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

La reunión recaudó $10,000 para el trabajo de sor Norma con inmigrantes, particularmente el Centro Humanitario de Respiro en McAllen, Texas.

Tim Shriver, presidente de la junta de Special Olympics y miembro de la parroquia Holy Trinity en Washington, la presentó diciendo: “Tenemos una extraordinaria santa de vanguardia en la iglesia”.

El obispo Dorsonville dijo que el trabajo de sor Norma es una inspiración para él, como lo son sus propios encuentros con los inmigrantes y la comunidad de indigentes servida por la Iglesia Católica en Washington, trabajo del cual él dijo que refleja el llamado del papa Francisco a que el mundo se mueva de una cultura de indiferencia a una cultura de solidaridad.

“Sor Norma, sigue adelante con tu trabajo. El Espíritu Santo está contigo”, dijo el obispo.

Sor Norma dijo ante las personas presentes para el evento que lamenta cómo la situación difícil de los inmigrantes de Centroamérica y México ha sido politizada y exagerada, incluso la manera de la prensa de repetidamente pintarlos como “las caravanas que vienen a invadirnos”.

Ella dijo que tal retórica usada con el fin de una agenda política causa el miedo injustificado de los inmigrantes quienes solo buscan asilo en Estados Unidos.

“Conozco estas familias. Sé lo que ellos pasan. Sé quiénes son”, ella dijo. “Estas familias son las que están realmente heridas. He visto niños llorando, encerrados en instalaciones de detención”.

Sor Norma añadió: “Hay algo aquí que estamos haciendo que está mal. … Podemos (ser) mejor. Somos los Estados Unidos”.

Ella dijo que a veces las familias se unen a tales caravanas para tener seguridad, para intentar evitar ser victimizadas en el camino. La mayoría de los que vienen en las caravanas recientes están esperando con esperanza a lo largo de la frontera mexicana con California, ella dijo, añadiendo que para los que en su momento lleguen al centro de respiro que ella opera en Texas “encontraremos cualquier manera de poder ayudarles”.

Ella dijo que es importante tratar a esos inmigrantes como seres humanos con dignidad.

En Brownsville su trabajo en la frontera incluye proveer alimento y albergue de emergencia, ayuda para conseguir vivienda y consejería, de modo que los inmigrantes puedan comenzar a formar nuevas vidas para sí mismos y sus familias, muchas de las cuales han huido de la violencia en sus países de origen y dejaron atrás todas sus pertenencias.

“Ellos entran por las puertas con lágrimas en sus ojos y hay alguien allí para recibirlos”, dijo sor Norma describiendo el centro donde los inmigrantes pueden darse una ducha, recibir una comida caliente y llamar a sus parientes en Estados Unidos. Muchos de ellos son niños con menos de 10 años.

Ellos están buscando “una oportunidad en la vida”, ella dijo. “Les damos orientación y dirección para que puedan estar seguros. Necesitan a alguien que se preocupe por ellos” que les ayude a pasar por el proceso de inmigración. “Ellos no pueden hacerlo solos”, ella añadió.

Sor Norma dijo que en los tiempos en los cuales una ola de menores no acompañados vinieron a Estados Unidos en 2014, un funcionario local preguntó sobre el trabajo del centro y a que se dedicaba y ella contestó: “Restaurando la dignidad humana, eso es lo que estamos haciendo”.

Él ayudó con duchas portátiles para el centro y funcionarios de la ciudad continuaron apoyando la obra, junto con voluntarios que llegaron al enterarse del centro por medio de las redes sociales.

Sor Norma dijo que unos 125,000 inmigrantes han pasado por el centro, el cual ayuda a unas 300 personas diariamente.

Un miembro de la audiencia le preguntó a sor Norma por qué los menores no acompañados hacen el viaje hasta la frontera.

“Vienen porque no tenían otra alternativa”, ella contestó. Algunas familias temen por las vidas de sus hijos en sus países de origen y solamente tienen suficiente dinero para enviar a los niños por sí solos o con un miembro o amigo de la familia u otra persona y tienen la esperanza de que “alguien ayudará a su hijo”.

Otra mujer en la audiencia dijo que ella y su esposo son judíos y han estado apoyando la obra de sor Norma desde 2014. Ella comparó la situación difícil de los menores no acompañados con la experiencia de padres judíos quienes colocaron a sus hijos en trenes para que escaparan de la Alemania nazi.

Otra mujer en la cena comparó los sucesos recientes en el país con “la noche oscura del alma más larga”, pero sor Norma dijo que trabajar en defensa de la vida y la dignidad humana ofrece momentos de luz y esperanza.

“Tengo tanta esperanza en la humanidad y en personas como usted”, ella dijo.