During Advent, Trinidad musicians visit houses to sing of Jesus’ birth

BARATARIA, Trinidad — Un silencio entró al salón cuando miembros de la banda — un grupo de hombres y mujeres de edades y etnias tan mezcladas como los instrumentos que ellos tocaban — se acomodaron en sus puestos.

Los instrumentos incluían güiros, mandolinas, tambores de cuero inspirados por África y un cajón rústico — una caja grande de madera que mide casi dos pies con un robusto mástil cilíndrico saliéndole de un lado hacia el pecho del bajista. Tenía una sola cuerda gruesa conectada al centro de la caja y al tope del mástil que, cuando era punteada, sonaba como un cañón resfriado.

Hubo silencio hasta que con alguna señal oculta, la primera nota retumbó colectivamente y fue cortada casi inmediatamente al comenzar.

Pausa. Otra nota breve silenciada, y de pronto eructó del cajón como el primer ruido de una guerra. Entonces, con la melodía latina liberada, aumentó como un batallón atacando una playa, como la hecha por el Redentor del quien se cantaba, quien penetró las murallas del pecado y de la muerte con un nacimiento humilde.

Este grupo estaba tocando para una audiencia mixta para recaudar fondos en una parroquia modesta, pero las formas tradicionales de lo que se le llama el “parang”, un tipo de música popular, son parte de una celebración íntima de oración en hogares privados.

“Hay una tradición que comenzó en Venezuela de llevarle un regalo de canciones a los hogares,” como en la cultura inglesa se llevan canciones navideñas que se llaman “caroling”, explicó Julio Torres, veterano del “parang” y entrenador de voz. Él dijo que la música popular “parang” es oriundo de Trinidad.

A través de los siglos hubo mucho intercambio informal entre Trinidad y Venezuela, pero el intercambio cultural fue lo más notable durante el siglo 19, cuando trabajadores venezolanos vinieron a trabajar en las prósperas fincas de cacao y café de Trinidad.

Y aquí entra el “parang”.

La palabra “parang” viene del español para “parranda”, que significa “grupo de serenateros” o “un acto de alegría”. Los grupos de cantantes y músicos del parang, llamados “parranderos”, van de casa en casa durante las noches de las temporadas de Adviento y Navidad sin esperar comida ni compensación monetaria, dijo Torres.

El contenido y la secuencia de su repertorio es tomado casi completamente de las narrativas de la infancia de Jesús en el Evangelio de Lucas y se hacían en español y cantando.

Alicia Jaggasar, presidenta de la Asociación Nacional de Parang de Trinidad y Tobago, recuerda su encuentro con el parang cuando era estudiante en la escuela secundaria San Juan. Los maestros allí insistían que su grupo de parang, Los Alumnos de San Juan, pronunciaran todas sus presentaciones en español perfecto.

Todavía siendo miembro de Los Alumnos, ella continúa la práctica promoviendo la excelencia en la presentación de la música española como una de las orientaciones de la asociación. Al componer obras originales, ella consulta estrechamente a un equipo de profesores en Trinidad.

Ella señaló que “el producto es normalmente un producto ganador”.

Los primeros grupos de parang tomaban los nombres de las parroquias católicas romanas donde se originaban, por ejemplo, La Divina Pastora o Flores de San José. Y en su misión musical casa por casa había una secuencia establecida para presentar las canciones.

Se esperaba que los parranderos llegaran inesperadamente, entonces comenzaban con una pieza de introducción llamada el “seranal”, en la cual la banda se identificaba y pedía permiso para entrar. Tanto Jaggasar como Torres enfatizaron la importancia de esto.

Una vez que le dejaban entrar, el grupo le agradecía a sus anfitriones por acogerlos, elogiaban a los anfitriones y la casa y entonces procedían a cantar la anunciación del nacimiento de Jesús. Algunas composiciones también incluían la visita de María a Isabel y el nacimiento de Juan el Bautista.

Las canciones de despedida le seguían, ya que las visitas normalmente duraban de 15 a 20 minutos. A veces la visita era más larga si el anfitrión invitaba al grupo a quedarse; en tal caso se tocaban valses, bachatas, salsa u otras piezas instrumentales para animar a la gente a bailar.

Los anfitriones podrían preparar una comida, pero era más tradicional ofrecer un vino local hecho de jugo de caña de azúcar fermentado, llamado “guarapo”, así como café y una merienda.

“El azúcar del jugo de caña lo anima a uno”, explicó Jaggasar. Algunos parranderos podrían estar fuera de su casa toda la noche o varios días. A veces un miembro de cada hogar visitado se iba con la banda, expandiendo el grupo para proveer músicos y cantantes extra que podían tomar turnos.

Pero Torres dijo que eso ahora es raro, excepto en algunos vecindarios donde la gente se conoce bien. Jaggasar dijo que el alto índice de criminalidad de Trinidad y la actitud permisiva hacia el conducir ebrio han limitado severamente la tradición de las visitas.

La pulsación terrenal del parang lo hizo un proyecto primo para los gurús locales del ritmo. Este fue mezclado con el soca, un derivado del calipso. El embriagador híbrido se llama soca-parang y hoy día es un ingrediente de fiesta estándar aun fuera de la Navidad.

Algunas piezas de soca-parang son lo suficientemente inocuas, pero hay preocupaciones porque otras están directamente opuestas a la identidad intrínseca del parang.

“Ahora uno ve un soca-parang distinto, de doble sentido”, señaló Jaggasar, “que dice cosas (que) realmente, para un cristiano que celebra la Navidad, escucharlas es un poco vergonzoso.”

De modo que cuando fue electa presidenta de la asociación del parang este año, ella propuso pasar ese tiempo redirigiendo la atención pública hacia las raíces cristianas del parang.

El tema de este año del festival local del parang es “de Nazaret a Belén”. Este tiene la intención de ser una reflexión del viaje de María y José hacia Belén, trazando todas las villas que ellos habrían pasado en el camino. A cada lugar de Trinidad que fuera anfitrión del evento del festival se le asignó el nombre de una villa bíblica en la ruta de Nazaret a Belén y se esperaba que sus decoraciones reflejarán algún aspecto de esta.

“Cuando llevé (la idea) al ejecutivo no hubo oposición”, dijo Jaggasar. “Estaban muy contentos de hacerlo porque, creo, todos se sentían de la misma manera: que tenemos que poner allá afuera este aspecto de eso”.