Mensajes personales, positivos y pacíficos distinguen la Caminata por la Vida de Costa Oeste

SAN FRANCISCO — Una multitud de entusiastas defensores de la vida, algunos de tan lejos como Colorado, Arizona y Tennessee, invadieron las calles del centro de San Francisco el 26 de enero transmitiendo una amplia gama de mensajes para pedir que se ponga fin al aborto.

Una muchedumbre de decenas de miles de personas, se aglomeró en la Plaza del Centro Cívico en un primaveral día de invierno para la 15º Caminata Anual por la Vida de la Costa Oeste, coincidiendo con el 46º aniversario de la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos en el caso Roe vs. Wade con la que se legalizó el aborto.

El evento empezó con una oración, oradores provida y el amplificado sonido de los latidos del corazón de siete bebés, cuyas madres se mantuvieron en el escenario sosteniendo los altoparlantes conectados a sus vientres en estado de embarazo.

“Los bebés salvan bebés”, dijo la presidenta de la Caminata por la Vida, Eva Muntean. “Los bebés están aquí para salvar a otros como ellos”.

A una mujer que se le permite ver la imagen de su bebé no nacido en una pantalla de ultrasonido o escuchar los latidos de su corazón, comúnmente decide no abortar, dicen los defensores de la vida.

A pesar de una fuerte presencia policial, la marcha de dos millas — que partió desde la Plaza del Centro Cívico, recorrió la calle Market hasta la Plaza Justin Herman — se veía tan pacífica como los organizadores esperaban. A veces parecía más una celebración que una manifestación.

“Este no es un día de confrontación”, advirtió Dolores Meehan, copresidenta de la caminata, al comenzar la marcha. “Solo digan una oración y sigan”.

Para muchos, la jornada había empezado con una misa matutina en la catedral de Santa María oficiada por el arzobispo de San Francisco, Salvatore J. Cordileone, donde aproximadamente 2.900 personas recibieron la santa comunión. Más tarde al empezar la manifestación en la plaza, él guió a los participantes en una oración desde el escenario del evento.

“Danos el coraje para decir la verdad con amor y convicción en defensa de la vida”, dijo.

Chastity Ronan, ex directora del Centro de Embarazo Alpha de San Francisco, subió al escenario para recibir el Premio Gianna Molla, establecido para “los héroes olvidados” del movimiento provida a nivel local.

Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962) era una pediatra italiana que se negó tanto a practicarse un aborto como una histerectomía, cuando estaba embarazada de su cuarto bebé, a sabiendas de que la decisión podría ocasionar su propia muerte, lo cual ocurrió.

Ronan acudió al centro de embarazo cuando estaba embarazada, desempleada y sin hogar, al poco tiempo de mudarse a San Francisco hace 10 años. A pesar de perder a su bebé en el vientre, Ronan se encargó de dirigir el centro y convertirlo de un pequeño centro de servicio a una clínica médica, la cual actualmente sirve a 1.000 familias anualmente. Ella renunció en 2016, después de ser diagnosticada con cáncer sólo unos meses después del nacimiento de su hija Catica.

“Si estás experimentando una tragedia en tu vida, mira a Gianna Molla, mírame a mí, mira a Jesús”, dijo. “Dale tu tragedia y deja que él la convierta en triunfo”.

Otro de los oradores fue Patricia Sandoval, quien tuvo tres abortos y fue contratada por la organización Planned Parenthood para trabajar como una enfermera auxiliar sin credenciales de enfermería.

“Fui manipulada y entrenada para mentirles a las mujeres diciéndoles que no se trataba de un bebé”, dijo.

Cayó en el vicio de la cocaína y eventualmente quedó desamparada, antes de experimentar la conversión a raíz de un incidente con un desconocido que la salvó.

“Quiero que la gente que no está de acuerdo conmigo, me escuche”, dijo. “No las juzgo, yo fui una de ustedes. ¿Creen que estoy luchando para quitarles sus derechos? Estoy luchando para que les devuelvan sus derechos”.