Representantes de la iglesia brasilera: La rotura del dique afectará el área durante años

SAO PAULO — La ruptura del dique en el complejo Feijao en Brumadinho, está siendo calificada como un crimen socio-ambiental, en vez de un accidente, por parte de algunos miembros de la Iglesia Católica en Brasil. Según los religiosos que sirven a poblaciones cerca de los diques y las áreas de exploración minera, tanto los daños a nivel humano como ambiental de esta tragedia afectarán el área por docenas de años.

“Una vez más, el lucro está ubicándose por encima de las vidas humanas y el medioambiente”, le dijo el padre Antonio Claret Fernandes a CNS. El padre Fernandes es miembro del Movimiento de Personas Afectadas por Represas y es vicario en la parroquia Sao Jose-Paula Candido.

El hermano franciscano Rodrigo de Castro Amedee Peret coincide con él.

“Es un evento recurrente. Esto no fue un accidente, fue un crimen”, dijo el hermano, designado por los obispos brasileros para encabezar la Red de Iglesias y Minería.

La red emitió un comunicado el 26 de enero en apoyo a aquellos que fallecieron o están perdidos debido al colapso de la represa.

“Manifestamos nuestra solidaridad a las familias de las víctimas y las comunidades de fe, quienes tendrán el difícil reto de reconstruir la esperanza. También nos unimos a la Arquidiócesis de Belo Horizonte, que con las palabras del Evangelio definió la tragedia como ‘una abominación desoladora’, refiriéndose a ‘las locuras surgidas de las ganancias y el menosprecio por el otro, la verdad y el bien de todos'”, indica el comunicado de la red.

Expresó que los desastres ocasionados por el comportamiento irresponsable de compañías que solo están buscando beneficios económicos, no pueden llamarse “accidentes ambientales”.

El hermano Peret dijo que, contrario a lo que la compañía minera declaró, daños extremos al medioambiente ya han empezado a aparecer.

“El lodo ya ha avanzado hasta el Río Paraopeba. Incluso si es solamente sílice, como ellos afirman, ya ha acabado con esta parte del río”, dijo.

CIMI, el Consejo Indigenista Misionero de los obispos brasileros, dijo que los indígenas de la tribu Pataxo-ha-hae ya están preocupados por los meses que se avecinan.

CIMI dijo que el lodo de la compañía minera estaba siendo observado por la comunidad indígena.

“El agua estaba limpia el viernes, pero hoy esta roja oscura. Ya hay un montón de peces muertos, flotando, con la boca abierta pidiendo ayuda”, le dijo Hayo, jefe tribal de Pataxo Ha-ha-hae, a representantes de CIMI.

Horas después el dique se rompió, 25 familias que vivían en el poblado indígena fueron desalojadas y llevadas a un terreno más elevado, pero los indígenas decidieron no permanecer en la ciudad y regresaron a la parte más elevada de su poblado, donde ellos creen que están protegidos del lodo.

Según CIMI, ahora hay dudas en la tribu sobre cómo el poblado sobrevivirá en las costas de un río contaminado.

“El desayuno solía ser pescado con harina y yuca cocinada. El río era nuestra fuente de vida y la de mucha gente aquí en la región. Vidas perdidas, el río destruido … Es una tragedia”, según concluyó la declaración dada por el jefe a CIMI.

Ahora más que nunca, dijo el padre Fernandes, el sector minero está sujeto a ser una prioridad para la iglesia brasilera en el debate del Sínodo de los Obispos de octubre sobre el Amazonas.

“Seguro que el obispo (Erwin) Krautler, miembro del concilio del sínodo, pondrá este muy importante tema a debate durante el sínodo”, dijo el sacerdote.

“Brumadinho no estaba nisiquiera contemplado como una prioridad, en términos de riesgo, y mira lo que sucedió”, dijo el padre Fernandes.