Obispos de Estados Unidos, otros, recuerdan al cardenal Ortega de Cuba

WASHINGTON  — La Pastoral Juvenil de La Habana compartió un video el 26 de julio de un sonriente cardenal Jaime Ortega, tocando una canción navideña en el piano acompañado por un coro de niños de escuela primaria, con el mensaje: “Fallece en La Habana, un padre, un hermano, un amigo, nuestro cardenal Jaime L. Ortega, el cardenal de la juventud cubana”.

Fue uno de los muchos recordatorios y tributos en honor al arzobispo emérito de La Habana, a quien se le recuerda dentro y fuera de Cuba, tras el anuncio de su fallecimiento a través de una carta difundida en Facebook por su arquidiócesis a tempranas horas del 26 de julio. Había sido diagnosticado con cáncer terminal y su pérdida a los 82 años no fue sorpresiva ya que muchos de sus amigos –incluyendo varios obispos de Estados Unidos– lo visitaron y rezaron al lado de su cama durante sus últimos días.

De hecho, el 20 de julio el arzobispo Thomas G. Wenski de Miami, quien visita a Cuba con frecuencia, tuiteó una foto concelebrando Misa con el arzobispo de La Habana Juan García Rodríguez en el cuarto del cardenal cuando estaba enfermo.

Cuando se anunció su muerte, el arzobispo Wenski dijo –en un comunicado difundido en el portal de internet de la Arquidiócesis de Miami– que el cardenal “fue un hombre importante de iglesia, a la vez que controversial, que jugó un papel crítico al ganar ‘más espacios’ para que la iglesia católica cubana pudiera ejercer su misión evangelizadora en el país marxista. Fue clave para recibir la visita de tres papas y negociar la libertad de presos políticos. Que descanse en paz”.

En Twitter, dijo que el fallecido prelado había sido “un comprometido hombre de la iglesia y un cubano ejemplar”.

Algunos cubanos en el exilio denigraron al cardenal Ortega durante años e incluso por las redes sociales, cuando la noticia de su muerte se difundió, diciendo que él no hizo lo suficiente para denunciar al gobierno de la isla. Señalaron la fecha de su muerte –cuando justo Cuba conmemoró una importante rebelión que llevó al derrocamiento de su previo gobierno– como prueba, para ellos, de que él era favorable al gobierno.

Pero el cardenal por décadas caminó por un sendero complicado con funcionarios del gobierno comunista, quienes habían perseguido a la Iglesia Católica, así como a otros cristianos, en Cuba después de tomar control de la isla en 1959. El cardenal Ortega eventualmente pudo conseguir concesiones que facilitaron la restauración de algunos edificios de la iglesia que se hallaban casi en ruinas, así como la reapertura de algunos templos que el gobierno había clausurado o confiscado.

Durante la gestión del cardenal Ortega, el gobierno cubano permitió la construcción de una nueva iglesia católica, la cual fue inaugurada a inicios de este año, la primera que se permitió construir en la isla desde 1959. También transmitió mensajes entre los presidentes de Estados Unidos y Cuba, lo que eventualmente desencadenó el deshielo de las tensiones políticas entre los dos países y permitió más contacto con Estados Unidos.

A través de Twitter, el arzobispo de Puerto Rico Roberto González Nieves de San Juan dijo que aunque el cardenal fue “incomprendido” por los cubanos en el exilio, “fue muy, muy querido por los fieles católicos en Cuba. Que su noble alma descanse en paz”.

En el video compartido en Facebook, la Pastoral Juvenil le agradeció por su “tanto amor y esfuerzo”.

“Oramos por usted que nos acompaña siempre en el corazón de quienes saben valorar todo lo que ha hecho por este pueblo”, escribieron.

En la tarde del 26 de julio, la Pastoral Juvenil transmitió en vivo por Facebook la primera de varias Misas en honor al cardenal en la catedral de La Habana, un lugar donde celebró muchas misas. Su funeral se realizó el 28 de julio y de los Estados Unidos estuvieron presentes los arzobispos Wenski y González Nieves, y el cardenal Sean P. O’Malley de Boston.

El papa Francisco envió un telegrama dirigido a los fieles, al clero y a familiares del cardenal el 27 de julio diciendo que ofrece sufragios por el eterno descanso del cardenal “que sirvió a la iglesia y a sus hermanos en los diferentes encargos que la providencia le confió”.