Escuelas intentan frenar migración desde Guatemala con poco éxito

PALENCIA, Guatemala — Carlos René Osorio trata de convencer a los padres de familia en la zona rural de Guatemala sobre la importancia de mantener a sus hijos en la escuela, en vez de migrar con ellos a Estados Unidos.

Los padres lo escuchan amablemente –dijo– pero no ponen mucho interés cuando él les aconseja que sus niños se eduquen y se conviertan en profesionales en este empobrecido país centroamericano.

“Ya tienen el chip de que se van a ir y se van”, dijo Osorio, director de las escuelas Fe y Alegría, administradas por jesuitas en Palencia, 20 millas al este de Ciudad de Guatemala.

“La educación no es su prioridad … su prioridad es hacer dinero”, explicó. “Migrar a Estados Unidos representa cambiar de sistema de vida: tener recursos, tener una linda casa, tener un auto; aunque no tengan estudios”.

Los inmigrantes han abandonado la Guatemala rural en masa en los últimos años y actualmente constituyen el grupo más numeroso de detenidos en la frontera sur de Estados Unidos –según las estadísticas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.

Cada vez más, esos inmigrantes llevan a sus niños a la larga travesía al norte cruzando México. Incluso los inmigrantes ya establecidos en Estados Unidos también envían a sus hijos –quienes viajan hacia el norte con coyotes (traficantes de personas)– en un esfuerzo por unir a las familias separadas.

La tendencia a migrar con niños ha vaciado las escuelas en algunas zonas de Guatemala. Osorio dijo que su escuela intermedia y secundaria Fe y Alegría ha perdido por lo menos 12 estudiantes este año –aproximadamente 7.5 por ciento de sus alumnos.

Otras escuelas en la región donde hay muchas fincas de calabazas, frijoles y maíz reportan incluso un éxodo mayor que se evidencia cuando los padres vienen a pedir la constancia final de notas de sus hijos antes de empezar la ruta.

Una autoridad educativa en Palencia explicó que la movilización de niños empezó cuando se corrió la voz masivamente de que los migrantes con niños serían admitidos en Estados Unidos. A menudo están convencidos de ello en la Guatemala rural y son alentados por los coyotes. Los contrabandistas, según reportes de prensa, cobran menos si alguien lleva un niño porque el adulto y el menor (algunas veces sólo el menor) son llevados a la frontera estadounidense con la expectativa de entregarse a los agentes de migración y posteriormente solicitar asilo.

“Usualmente la gente estaba temerosa de irse porque tenían miedo de no poder ingresar a Estados Unidos”, dijo Ismailia Alvizuris, una superintendente escolar en Palencia. “Entonces se dieron cuenta de que los niños les servirían como pasaporte”.

Unas 177,000 familias de Guatemala han sido detenidas durante los primeros 10 meses del año fiscal 2019, el cual empezó el 1 de octubre del 2018, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza. El número de arrestos es más del triple que el año anterior.

El éxodo está ocurriendo en un momento en el cual el presidente Donald Trump presiona a Guatemala para que se convierta en un tercer país seguro. Tal acuerdo requeriría que personas buscando asilo en

Estados Unidos regresen a Guatemala y soliciten asilo allí, si logran pasar por la ruta al norte.
Según los analistas, Guatemala –donde casi 60 por ciento de la población vive en la pobreza y aproximadamente la mitad de los niños menores de 5 años están desnutridos– no está en condiciones de recibir tantos inmigrantes y es por eso que muchos guatemaltecos abandonan su país.

“Nuestro gobierno no ofrece salud ni educación, lo que hace que la gente, mujeres y familias, digan: ‘Me llevo a mis hijos pues, allá por lo menos van a estudiar o hacer algo’”, dijo Úrsula Roldán, una investigadora de la universidad jesuita Rafael Landivar. Calificó la emigración “multifactorial”, argumentando que las causas incluyen el cambio climático, los bajos precios de los productos agrícolas –como el café– y la reunificación familiar.

Las inscripciones en las escuelas primarias en Guatemala han disminuido durante la última década de 96 por ciento de los niños a 87 por ciento, según dijo el sacerdote jesuita Miquel Cortés, director nacional de Fe y Alegría. Las escuelas Fe y Alegría se han expandido principalmente a nivel de secundaria, el cual tiene un índice de inscripciones de sólo 45 por ciento –agregó.

Además, no es de la mejor calidad –dijo el padre Cortés– considerando que la mayoría del presupuesto para educación pública se destina a los salarios de los maestros.

En Palencia, Ortiz, el director de la escuela, menciona otro factor por el cual los estudiantes se van: la sequía. La región normalmente experimenta un lapso de 40 días de clima seco cada verano. Pero esas temperaturas sofocantes han durado más de lo normal en los últimos años –dijo.

Ortiz le presentó a un reportero visitante un par de hermanos, de 14 y 16 años, cuyo padre le pagó a un coyote el año pasado para que lo llevara a Estados Unidos después de sufrir consecutivas pérdidas de cosechas. El padre trabaja como jardinero en el estado de Nueva York y envía remesas a su casa en Guatemala –explicaron los adolescentes.

La familia había escuchado del hostil discurso antiinmigrante por parte de Estados Unidos, “pero él no tenía opción”, dijo uno de los chicos. “Tenía que arriesgarse”.

La migración de Palencia generalmente era a corto plazo ya que los residentes se quedaban mientras ganaban dinero para construir una casa o salir adelante en la vida. Pero los funcionarios escolares dijeron que las familias están quedándose cada vez más en Estados Unidos porque las posibilidades de regresar disminuyen, envían a sus niños al norte para estar todos juntos.

Muchos hogares se mantienen con las remesas que envían los familiares desde Estados Unidos. Se espera que las remesas superen los 10 mil millones de dólares en Guatemala este año. Pero Ortiz ve un inconveniente ya que las remesas ocasionan “gente ociosa, que no trabaja y no estudia porque tienen familiares allí enviando dólares”.

En algunos casos –dijo– los recursos ya no llegan y “los niños crecen prácticamente solos acá”.
Otro de los estudiantes de Ortiz, una mujer de 18 años con planes de estudiar en la universidad se quedó con amigos de su familia después de que su padre se fuera a Estados Unidos hace ocho años y su madre y hermano menor hicieran lo siguieron prontos después. Las remesas para mantenerla han disminuido y el contacto con sus padres se volvió esporádico.

“A veces siento que cuando los papás se van, en vez de mejorar las cosas, destruyen la familia”, expresó la joven. “Destruyen sus propios hogares porque están perdiendo la comunicación”.