Jesuitas publican investigación, confirman abusos de famoso sacerdote

CIUDAD DEL VATICANO — Aunque al ya fallecido sacerdote jesuita Renato Poblete Barth se le conocía públicamente como un campeón de los pobres en Chile, una investigación interna financiada por los jesuitas dio a conocer que el famoso sacerdote abusó de más de doce mujeres en un periodo de casi 50 años.

Los resultados de la investigación independiente de seis meses, la cual fue anunciada el 30 de julio por el padre jesuita Cristian del Campo, superior provincial de Chile, concluyó que “los abusos de poder, de conciencia, sexual y otros crímenes cometidos por Renato Poblete Barth fueron respaldados por una especie de doble vida, protegida por su imagen pública de buena persona”.

“El abuso, transversalmente, se llevó a cabo desde una posición de poder que le dio esa imagen, su enorme red de contactos y el poder económico que tenía para autónomamente manejar importantes sumas de dinero durante muchos años”, según el informe.

Nacido en 1924 en Antofagasta, en la costa norte de Chile, el padre Poblete vivió gran parte de su niñez en Bolivia hasta los 16 años. Su familia se mudó a Santiago en 1940 y al final de la escuela secundaria conoció a san Alberto Hurtado Cruchaga, fundador de Hogar de Cristo –una de las organizaciones de caridad más grandes del país– y el jesuita que lo inspiró a ser parte de la Sociedad de Jesús.

El padre Poblete dirigió Hogar de Cristo desde 1982 al 2000. Tanto la feligresía católica como funcionarios del gobierno lamentaron su muerte el 18 de febrero del 2010. Cinco años después de su muerte, le pusieron su nombre a un parque público en Santiago en su honor. No obstante, después de que las acusaciones se dieran a conocer, funcionarios de la ciudad le cambiaron el nombre al parque y quitaron una estatua del sacerdote.

Las primeras acusaciones contra el famoso jesuita se divulgaron en enero por Marcela Aranda Escobar, profesora de teología de la Universidad Católica Pontificia de Chile, quien afirmó que fue abusada física y sexualmente por el padre Poblete durante ocho años. Igualmente dijo que el sacerdote la obligó a abortar en tres ocasiones.

En una entrevista el 29 de abril en un programa de noticias de la televisión chilena “Ahora Noticias”, Aranda dijo que ella informó de los abusos al sacerdote jesuita Juan Ochagavia, ex provincial superior de Chile, y “no recibió respuesta mientras los abusos continuaban”.

El informe concluyó que la inacción del padre Ochagavia “fue negligente con respecto al seguimiento de la información que recibió y al cuidado de la víctima”.

Según el padre del Campo, la investigación independiente solicitada por los jesuitas analizó las acusaciones de Aranda así como también las que surgieron de otras 21 mujeres. El informe encontró que entre las víctimas “había cuatro que eran menores de 18” al momento en que ocurrieron los abusos.

El padre del Campo dijo que los testimonios dados por los sobrevivientes revelaron un patrón “de violencia, de abuso de poder, así como también manipulación emocional y psicológica de las víctimas y sus familiares, lo cual facilitó sus acciones y el silencio tanto de las víctimas como de las otras personas”.

La investigación concluyó que las acusaciones hechas por Aranda y las otras mujeres, se consideraban “razonables y creíbles” y que los hallazgos del informe serán entregados a los procuradores de la ciudad “de modo que puedan investigar con todas las herramientas a su disposición y penalizar a aquellos que sean hallados responsables”, agregó.

Aunque no hubo evidencia de encubrimiento por parte de los jesuitas, un sobreviviente sí informó a un miembro de la orden religiosa sobre el abuso. No obstante, el padre del Campo dijo que la víctima pidió al jesuita, a quien no se le ha identificado, que no hablara sobre lo que se le había contado.

El provincial jesuita aplaudió los testimonios dados por las víctimas del padre Poblete y pidió perdón en nombre de la Compañía de Jesús por su incapacidad para actuar “con decisión, diligencia y eficiencia al enfrentar las noticias, información o señales de preocupación”.

“Pedimos perdón porque no actuamos con la prontitud y seriedad que se requería, ni dándole prioridad a aquellos que estaban sufriendo en silencio”, dijo el padre del Campo.

“En el caso de Renato Poblete Barth, el aparente éxito de su trabajo apostólico cegó nuestra capacidad de supervisar su rutina diaria y controlar apropiadamente el manejo que hacía del dinero”, dijo. “El poder del dinero, acompañado por el poder que ya tenía por su prestigio público y en su calidad de sacerdote, es lo que permitió que el acusado tenga diferentes posibilidades de usar ese poder para abusar de mujeres”.