Reunión de El Paso se enmarca en reciente tragedia

By Rhina Guidos | Catholic News Service | September 24, 2019

EL PASO, Texas — Por la tensión y las voces ocasionalmente quebrantadas, se puede sentir el sufrimiento que persiste en esta ciudad fronteriza.

Cuando los líderes católicos locales les dieron la bienvenida el 23 de septiembre a obispos de varias partes del país –una delegación de la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. (USCCB) y ministros laicos que cuidan a los inmigrantes en varios lugares de EE.UU.– ellos hablaron orgullosamente del “ADN” de la comunidad de El Paso, la cual no trata como desconocidos a los que no son de aquí.

El Paso, como comunidad, practica mucho de lo que el Evangelio les pide a los creyentes –según Dylan Corbett, director ejecutivo de “Hope Border Institute”, una organización local que ayuda a los migrantes.

“Le da la bienvenida realmente, de modo concreto, al forastero, el Cristo entre nosotros”, le dijo al grupo reunido en la parroquia San Pío X el primer día de “un encuentro” de una semana con migrantes en la región.

Cuando centroamericanos y otros inmigrantes empezaron a aparecer en esta ciudad fronteriza durante los recientes años, la comunidad de El Paso los alimentó, los vistió, los ayudó a contactar a sus familiares con quienes quedarse en otros sitios del país. Algunas veces han ayudado a tantos como mil al día. Cuando esos números descendieron porque cambiaron las políticas del gobierno de EE.UU., dejando a los migrantes abandonados del lado de México, “se sentía como que había muerto un buen amigo”, recordó el obispo de El Paso Mark J. Seitz.

Y es exactamente esa actitud de bienvenida, que acoge al extranjero de Latinoamérica, lo que un hombre armado trató de extinguir el 3 de agosto, cuando disparó en una tienda Walmart local, dejando un saldo de 22 muertos, incluyendo a muchos católicos paseños y sus vecinos mexicanos que murieron a raíz de los disparos.

“Eso es lo que fue atacado ese día”, dijo Corbett. “Pero somos también una comunidad fuerte y no vamos a sucumbir en el mismo miedo que impulsó ese ataque. Continuaremos siendo los que somos y fieles a nuestro ADN”.

Corbett, junto a otros católicos del área, tienen la esperanza de que los miembros del grupo que visita El Paso y las inmediaciones del 23 al 27 de septiembre se conviertan en embajadores de la realidad que se vive en las ciudades fronterizas, incluso de los que son víctima de actos anti-inmigrantes y racistas como el ocurrido este verano.

El gobierno de Trump, “aparentemente con suficiente respaldo de la sociedad, ha aumentado este sentimiento anti-inmigrante llevándolo totalmente a un nuevo nivel, a un extremo completamente nuevo y lo hemos realmente sentido en lo personal aquí en esta región de la frontera. No es cualquier otro. Somos nosotros”, dijo el obispo Seitz.

Mencionan un lugar que está experimentando “una invasion” del exterior, que “violadores, ladrones y pandilleros están cruzando”, dijo el obispo Seitz. Pero ese no es el caso, agregó.

El Paso simplemente intervino para ayudar cuando vio una crisis humanitaria en su umbral y decidió ayudar a las personas vulnerables en necesidad. Es lo que la diócesis local tiene la esperanza de darles a entender a sus visitantes católicos.

No hubo apoyo del gobierno para ayudar a los migrantes que han sido abandonados por las autoridades de inmigración sin previo aviso en sus ciudades –dijo el obispo Seitz– y muchos han sido liberados después de ser despojados de “lo que sea que tenían cuando llegaron: sus teléfonos, sus rosarios, por mencionar algunos”.

“Estoy muy orgulloso de nuestra comunidad, de nuestra iglesia, por su impresionante respuesta”, dijo. “¿Te puedes imaginar? Somos una de las regiones del país con los mayores retos económicos (por el ingreso), pero estamos recibiendo más de mil personas al día, alimentándolos, vistiéndolos, dándoles la posibilidad de bañarse, de contactar a sus familias. Estamos haciéndolo durante días, meses, una respuesta completamente comunitaria”.

Fue doloroso cuando se dijo que esas acciones son la razón por la cual El Paso fue el blanco –dijo.

El supuesto atacante Patrick Crusius, que las autoridades creen que es un nacionalista blanco anti-inmigrante, había protestado por escrito por “la invasión hispana de Texas” antes del tiroteo.

“Si bien nunca sugeriría una conexión directa entre las palabras del gobierno (Trump) y el 3 de agosto, ciertamente no fue un error, no fue mera coincidencia, que un hombre del área de Dallas decidiera viajar 640 millas hasta nuestra frontera de ciudades binacionales con el fin de asesinar a tantos mexicanos y personas de grupos minoritarios como pudiera”, dijo el obispo Seitz.

El obispo Óscar Cantú de San José, quien anteriormente fue obispo de la vecina ciudad de Las Cruces, Nuevo México, estaba claramente conmovido por el relato de la situación por parte del obispo Seitz. Su comunidad, también de inmigrantes, experimentó una violencia similar a finales de julio durante un festival familiar en la ciudad de Gilroy, la cual celebra su cosecha más popular: el ajo.

“Las familias salían a disfrutar de la comida y fueron perturbadas por el tiroteo. Tres personas inocentes murieron, dos de ellas eran niños. Yo sepulté a uno”, dijo, conteniendo las lágrimas.

Cuando vio la noticia sobre el tiroteo en Walmart, se dirigió a los parroquianos en California y le dijo a una pareja que había sido obispo de la vecina ciudad de El Paso.

“No sé cómo estos parroquianos me vieron… pero cuando hice el comentario, vi sorpresa en sus rostros cuando mencioné que había sido obispo de la ciudad hermana de El Paso, en la cual he estado, por la cual he entrado y salido de viaje. Considero El Paso como parte de mi hogar. Como hispano, yo pude haber sido el blanco”, dijo.

“Tal vez ellos no me vieron como hispano, pero yo sí vi el cambio en sus rostros, en sus ojos. En algún punto, cuando se torna personal, dijo, cuando tiene que ver con el parentesco, ahí es cuando las cosas cambian”.

Cuando las barreras emergen, se hace más fácil demonizar al otro, dijo, se hace más fácil ser chivo expiatorio “y eso es exactamente lo que hemos sido”.

Hizo eco del sentimiento de los demás que estaban en el lugar sobre el simbolismo, del muro que presuntamente el presidente Trump sigue diciendo que va a construir para que los inmigrantes no entren.

“Un muro definitivamente ha sido construido”, dijo. “Nosotros nos hemos convertido en el muro”.

Pero instó al grupo que tenga presente la enseñanza católica durante su visita y lo que dice sobre la dignidad de la vida humana.

“El catecismo católico nos dice que la dignidad humana se basa en nuestro ser creado a imagen y semejanza de Dios, no en nuestra raza, no en el tamaño de nuestra cuenta bancaria, ni por nuestra ciudadanía, sino porque somos seres humanos”, dijo. “Y entonces, ¿cómo logramos ver al otro como humano? No podemos hacerlo más allá de las vallas y los muros. Tenemos que tener encuentros, ser capaces de ver a alguien, no como el otro sino como hermano. Tenemos que escuchar sus historias. Tenemos que compartir sus lágrimas. Tenemos que escuchar sus relatos cargados de esperanza”.

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