Papa consagrará la humanidad a Maria, especialmente a Ucrania y Rusia  

By Cindy Wooden | Catholic News Service | March 24, 2022

El papa Francisco inciensa mientras venera una estatua de Nuestra Señora de Fátima en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima en Portugal, el 13 de mayo de 2017. El papa ha invitado a “todas las comunidades y a todos los creyentes” a unirse a él para consagrar y confiar Rusia y Ucrania a María el 25 de marzo de 2022. (Foto CNS/Paul Haring)

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) — Cuando el papa Francisco y los obispos de todo el mundo se consagren a sí mismos y a toda la humanidad al inmaculado corazón de María, incluirán la frase “especialmente a Rusia y Ucrania”.

En el texto de la oración del papa enviado a las cancillerías de todo el mundo para que los obispos se unan al papa el 25 de marzo, un pasaje clave para muchos observadores dice: “Madre de Dios y madre nuestra, a tu Inmaculado Corazón nos encomendamos y consagramos solemnemente nosotros mismos, la Iglesia y toda la humanidad, especialmente a Rusia y Ucrania”.

Con la invasión de Rusia a Ucrania y respondiendo a una petición particularmente de los obispos ucranianos, el papa Francisco había anunciado que haría el acto de consagración durante un servicio penitencial de cuaresma previamente programado en la Basílica de San Pedro.

El cardenal Konrad Krajewski, limosnero papal, dirigirá el acto de consagración al mismo tiempo en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima en Portugal. Cuando María se apareció a tres niños pastores en Fátima en 1917 con un mensaje que animaba a la oración y al arrepentimiento, también pidió la consagración de Rusia al corazón inmaculado de María.

Cuando los papas, especialmente san Juan Pablo II en 1984, hicieron actos de consagración no mencionaron “Rusia” en voz alta, lo que llevó a algunas personas a pensar que la petición de Fátima no se había cumplido; pero la última vidente en fallecer, Sor Lucía dos Santos, dijo que san Juan Pablo lo había hecho.

El texto papal suplica a María: “acepta este acto que realizamos con confianza y amor. Haz que la guerra termine y la paz se extienda por el mundo”.

Al decir “sí” al plan de Dios –un acontecimiento que se recuerda el 25 de marzo en la fiesta de la anunciación– María “abrió las puertas de la historia al Príncipe de la Paz”, dice la oración. “Confiamos en que, a través de tu corazón, la paz amanezca de nuevo”.

“A ti consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y expectativas de cada pueblo, las angustias y esperanzas del mundo”, dice la oración.

Redactada con el enfoque en el servicio penitencial y el llamado al arrepentimiento a Fátima, el papa comenzó la oración con una declaración de confianza en el amor maternal de María por todos los creyentes.

“Tú nunca dejas de guiarnos hacia Jesús, el príncipe de la paz”, dice la oración. “Sin embargo, nos hemos desviado de ese camino de paz”.

La humanidad, dice, ha olvidado las lecciones del siglo XX con su “sacrificio de los millones que perdieron la vida en dos guerras mundiales”.

Es más, dice, “hemos ignorado los compromisos que adquirimos como comunidad de naciones. Hemos traicionado los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes”.

“Nos enfermamos de codicia, pensamos sólo en nuestras propias naciones y en sus intereses, nos volvimos indiferentes y atrapados en nuestras necesidades y preocupaciones egoístas”, dice el texto.

“Elegimos ignorar a Dios, contentarnos con nuestras ilusiones, crecer en arrogancia y agresividad, suprimir vidas inocentes y acumular armas”, continúa, reconociendo también cómo la gente ha “devastado el jardín de la tierra con la guerra”.

“Con nuestros pecados”, dice, “hemos roto el corazón de nuestro padre celestial, que desea que seamos hermanos y hermanas”.

“Ahora, con vergüenza, gritamos: Perdónanos, Señor”, escribió el papa.

La presencia permanente de María, dice el texto, es un recordatorio de que Dios nunca abandona a las personas y siempre está dispuesto a perdonar.

“En cada época te das a conocer a nosotros, llamándonos a la conversión”, escribió el papa. “En esta hora oscura, ayúdanos y danos tu consuelo. Dinos una vez más: ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”, como dijo la Virgen de Guadalupe a Juan Diego.

Como en las bodas de Caná, dice el texto, “en nuestros días nos hemos quedado sin el vino de la esperanza, la alegría se ha ido, la fraternidad se ha desvanecido. Hemos olvidado nuestra humanidad y dilapidado el don de la paz. Hemos abierto nuestros corazones a la violencia y a la destrucción. ¡Cuánta necesidad tenemos de tu ayuda maternal!”.

“En medio del estruendo de las armas, qué tu oración vuelva nuestros pensamientos a la paz”, escribió el papa. “Qué tu toque maternal calme a los que sufren y huyen de la lluvia de bombas. Qué tu abrazo maternal reconforte a quienes se ven obligados a abandonar sus hogares y su tierra natal. Qué tu corazón doloroso nos mueva a la compasión y nos inspire a abrir nuestras puertas y a cuidar de nuestros hermanos y hermanas heridos y dejados a un lado”.

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